La Cátedra de Humanismo Médico, tuvo el 3 de agosto pasado como invitada a la Dra. Carolina Jaramillo Velásquez. Historiadora de la Universidad Nacional de Colombia con maestría en esta misma área, actualmente estudiante de Medicina de la Universidad de Antioquia. Con estudios en procesos pedagógicos, pedagogía humana y escritura académica.

La presentación titulada “La Villa impulsa la Escuela. La escuela soporta la ciudad”. Nacimiento y consolidación de una escuela de medicina en Antioquia, hace parte de un trabajo asociado al semillero de Historia de la Medicina de la UDEA.

Cómo lo plantean Jorge Orlando Melo y Juan Camilo Escobar, la sociedad antioqueña de finales del siglo XIX y comienzos del XX, se vio envuelta en un paradigma mundial asociado a la idea de progreso a través de la modernización del espacio físico, las mentes y las costumbres.  Esos intentos de progreso previos al siglo XIX fueron producto de la Ilustración, traída al Nuevo Reino de Granada por las autoridades coloniales que buscaban el ordenamiento del espacio, educar a la población y colonizar nuevos territorios. Las reformas borbónicas en Colombia llegan gracias al corregidor Juan Antonio Mon y Velarde que pretendía justamente poner en marcha este ordenamiento y la educación era un pilar importante de esta causa.

Los procesos de independencia obligaron a cambiar el discurso alrededor de esa labor civilizadora del estado y empieza a gestarse esa necesidad de entenderse como una nueva nación, independiente, una sociedad que apenas empezaba a construirse bajo los preceptos de libertad e independencia, pero crear esa identidad fue un proceso de complejidad mayor porque las poblaciones contenidas allí eran muy diversas, social, política y culturalmente. Por eso, el siglo XIX fue marcado por guerras de diferentes bandos y aún en tiempo de paz existía el animus belli.

 

“El mantenimiento de un horizonte siempre abierto para usar la violencia con un sentido instrumental […] como un medio eficaz para el logro de propósitos políticos”.  María Teresa Uribe, Las guerras por la nación en Colombia, p.11 

 

La construcción de identidad trajo un discurso “modernizador” soportado por las élites que buscaban hacer del Antioqueño una raza moralmente superior y con ideales sublimes siempre en busca de la construcción de esa identidad. Había una necesidad de continuar con ese proyecto de educación del pueblo. Ese proyecto asociado también a las reformas borbónicas en la Colonia se adaptó a esa necesidad de entender el nuevo mundo como estados-nación. Un ejemplo de este discurso modernizador y reivindicador es el texto Estado de Antioquia de Manuel Uribe Ángel, un médico y pensador antioqueño, que hablaba un poco de hacia dónde debía apuntar esa construcción del Estado.

El nacimiento de la primera Escuela de medicina en Antioquia se da bajo 3 premisas. Primero, educar a las masas, haciendo una transición del campesinado al ciudadano. Segundo el ánimo bélico, asociado a ese mundo político en constante transformación, y tercero, la influencia de las élites era el proceso de reconocimiento como sociedad antioqueña.

Para 1851 la Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, que ya era capital de la provincia de Antioquia contaba con cerca de 18.000 habitantes, en su mayoría gente campesina, mientras la élite gozaba de capacidad económica gracias a la minería que estimuló además el comercio con otras regiones del país e incluso el exterior. Esta misma élite que había tenido la oportunidad de prepararse y educarse aquí y en el exterior, sumado a la posibilidad que tenían de viajar y recorrer el mundo, impulsaron en buena medida el crecimiento de la ciudad. Entre ellos los doctores Miguel Uribe Ángel, Andrés Posada, José Ignacio Quevedo, José María Martínez Pardo, los ingenieros Tulio y Pedro Nel Ospina, los abogados Pedro Justo Berrio, Carlos E. Restrepo, Mariano Ospina Rodríguez y el escritor Tomás Carrasquilla. El surgimiento de Instituciones educativas, revistas literarias, bancos y entidades fueron parte de ese desarrollo.

En 1852, la Cámara Provincial creo los Consejos Examinadores, donde médicos como José Ignacio Quevedo, Justo Pastor Gallo Y Sinforiano Hernández tenían la potestad de otorgar títulos universitarios a estudiantes que hubieran recibido enseñanza privada y se otorgaba a través de la presentación de exámenes específicos. También el Colegio del Estado (hoy Universidad de Antioquia), impartía cursos sobre Anatomía y Fisiología, pero evidentemente los estudiantes debían después viajar para completar su formación en otros lugares.

2 personajes relevantes influyeron notoriamente en la historia de la medicina en Antioquia, Manuel Uribe Ángel y Pedro Justo Berrio.

Manuel Uribe Ángel, médico y geógrafo formado en París, viajero incansable, participó activamente en la formación de estudiantes en los colegios de la región como docente y rector. Dirigió el hospital San Juan de Dios, fue asesor en la fundación de la escuela de Medicina y uno de sus primeros profesores. Fundó la Academia Antioqueña de Historia, la Academia de Medicina de Medellín y el hoy Museo de Antioquia. Un verdadero innovador.

Pedro Justo Berrio era un convencido de la transformación generada por la educación.  Entre 1855 y 1865 impulsó la reforma a la constitución de Antioquia y llegó a la Gobernación en 1864, en ese cargo se dió el acto oficial de fundación de la Escuela de Medicina de Antioquia en 1871 (antes Colegio del Estado), donde también fue profesor. Creo también una biblioteca pública y la escuela de Artes y Oficios.

En sus primeros años el pensum académico era un reflejo de las bases del conocimiento francés. Química, Botánica, Anatomía Descriptiva y topografía, Histología, Fisiología, Patología general e interna, Terapéutica y Materia médica. Muchos profesores ilustres pasaron por allí, pero cabe destacar a José Ignacio Quevedo, el primer médico en América Latina en realizar una cesárea con madre e hijo vivos en 1844, además en la década de 1860, introdujo el uso del cloroformo como primer anestésico.

En 1875 se contó con los primeros médicos oficialmente graduados, Jesús María Espinoza y Julio Restrepo Arango que fue además profesor de la escuela e industrial. En 1876 surgió otro grupo de graduados, algunos muy destacados e importantes para la medicina y vida Antioqueña.

Los graduados en Medicina y otras carreras, se convirtieron en esa élite que participó activamente en el desarrollo de la ciudad, en política, educación, industria, artes. La Academia de Medicina de Medellín fundada en 1877 afianzó la labor de la escuela y se apoyó en ella. A través de ella, médicos rurales pudieron acceder a conocimiento de calidad y actualizado gracias a la publicación de la revista ANALES de la Academia.

La escuela con el pasar de los años sufrió múltiples cierres y dificultades, la mayoría producto de los conflictos y guerras comunes en nuestro país, y en otros casos por decisiones gubernamentales como en 1905 donde se privilegió la enseñanza de oficios para la industria.

La ciudad cambió y creció rápidamente en la primera mitad del siglo XX, producto de las migraciones desde el campo y se hizo necesario ampliar toda la infraestructura para cubrir estas necesidades. Nuevas generaciones de médicos, preparados en Colombia y el exterior reemplazaron a los pioneros y contribuyeron al crecimiento de la Facultad que se consolidó por su valor y cumplió su misión como parte de esa sociedad entrelazada, solidaria y soñadora que construyó la ciudad en ese momento.

En su comentario de inicio el Dr. Luis María Murillo Sarmiento destacó algunos de los más significativos aportes al desarrollo y la ciencia de la Universidad de Antioquia en los últimos años.

El Grupo de Ciencia y Tecnología del Gas y Uso Eficiente y Racional de la Energía, GASURE y sus estudios sobre combustión sin llama que han buscado un sistema de combustión de energía calórica con bajas emisiones contaminantes y alta productividad. El Grupo de Malaria con sus estudios sobre plantas antimaláricas, el Grupo de Neurociencias y su trabajo sobre enfermedades neurovegetativas y el descubrimiento de la mutación paisa del Alzheimer familiar y el Parkinson juvenil. El PECET- Programa de estudio y control de enfermedades tropicales cuya labor en Colombia, Centroamérica, Asia, África y el Mediterráneo le ha merecido ser reconocido por la OMS-Organización Mundial de la Salud como centro de referencia para la formación y entrenamiento de investigadores y para la evaluación de medicamentos y vacunas.

La presentación puede verse en: CÁTEDRA HUMANISMO MÉDICO: HISTORIA FACULTAD DE MEDICINA UNIVERSIDAD DE ANTIOQUIA

Resumen de la presentación, Victoria Rodríguez G., responsable de plataformas digitales en ANM

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

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