Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

Nuestras redes

SEDE: Cra. 7ª # 69-11. Bogotá, Colombia

VIDEOS
VIDEOS

Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

Nuestras redes
VIDEOS

El Foro sobre Efemérides Médicas, organizado por la Comisión de Historia y Humanidades de la Academia Nacional de Medicina, en cabeza de su coordinador el Dr. Luis María Murillo, rememoró una serie de hechos que han sido parte de la historia de la medicina colombiana.

Centenario de la introducción del primer electrocardiógrafo en Colombia por el profesor Carlos Trujillo

Conferencia del Académico Dr. Alberto Barón Castañeda, especialista en medicina interna y en cardiología del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Miembro de la Asociación Colombiana de Medicina Interna, de la Asociación Colombiana de Cardiología, del Colegio Panamericano de Endotelio y la Sociedad Americana de Ecocardiografía.

Hace algunos años, la curiosidad por rastrear la llegada del primer electrocardiógrafo a Colombia llevó al Dr. Barón a una sorprendente revelación: no fue un cardiólogo quien lo trajo, sino un médico internista con una gran visión científica. Un electrocardiograma mide básicamente los potenciales de acción. Gabriel Lippmann, con su electrómetro capilar, podía medir pequeñas diferencias de potencial estimuladas por mínimas cargas eléctricas. Un invento que lo hizo acreedor al Premio Nobel de Física en 1908. Augustus Waller, usando el electrómetro de Lippman, logró el primer registro electrocardiográfico en un mamifero en 1887, un bulldog de nombre Jimmy. 

Willem Einthoven, considerado el padre de la electrocardiografía, diseñó el primer galvanómetro de hilo de plata, con un hilo delgado conductor que se desplazaba por la acción de la corriente eléctrica. El hilo se situaba en el campo magnético de un imán, causando el movimiento del hilo que se proyectaba como una sombra en papel fotosensible. Ganó el Premio Nobel de Medicina en 1924 por este descubrimiento.

En Colombia, el responsable de introducir el primer electrocardiógrafo fue el Dr. Carlos Trujillo Gutiérrez, un médico internista nacido en 1899, proveniente de una familia dedicada a la importación de muebles, lo que le permitió traer el pesado equipo desde Francia. 

Formado en la Universidad Nacional se especializó en medicina interna en París. Regresó a Colombia en 1925, hace 100 años, trayendo el electrocardiógrafo. Fue profesor en la Universidad Nacional. Pionero en entender los cambios electrocardiográficos en el infarto agudo y formuló ideas tempranas sobre la muerte celular que anticipaban conceptos modernos como la apoptosis. Tuvo una activa participación en la Academia Nacional de Medicina, ingresó en 1926 con el trabajo “Arritmia de tensión como síntoma premonito del pulso alternante” y publicó trabajos relacionados con el corazón pero también sobre paludismo y tuberculosis.  

100 años de la Sociedad de Cirugía de Bogotá. Hospital de San José

Conferencia del Dr. Jorge Gómez Cusnir, especialista en ginecología y obstetricia de la Universidad del Rosario, especialista en gerencia universitaria. Presidente de la Sociedad de Cirugía de Bogotá.  

Hace más de un siglo, un grupo de médicos visionarios fundó la Sociedad de Cirugía de Bogotá, el 22 de julio de 1902. Nueve de los 10 miembros fundadores se formaron en la Universidad Nacional y el otro en la Universidad de Harvard. Seis de ellos revalidaron sus títulos en la Escuela de Medicina de Paris y otros tres, en el Real Colegio de Cirujanos de Londres, lo que les dió una visión global de lo que debería tener un hospital universitario. Juan Evangelista Manrique, Guillermo Gómez, José María Montaña, Nicolás Buendía, Zoilo Cuéllar Durán e Hipólito Machado, también formaron parte de la Academia Nacional de Medicina. Bajo su supervisión nació el Hospital de San José, cuya piedra fundacional se colocó en 1904, y tras más de veinte años de esfuerzos, finalmente abrió sus puertas el 8 de febrero de 1925.

A lo largo de los años, la Sociedad y el Hospital han sido cuna de la formación médica en Colombia. En sus salas se han desarrollado nuevas especialidades y técnicas quirúrgicas, allí se creó las primera escuela de enfermería en 1937, y la primera de instrumentación quirúrgica del país en 1951. Los hitos académicos y asistenciales del hospital han sido numerosos: fue declarado Monumento Nacional en 1984, ha recibido reconocimientos como la Orden de la Academia en el Grado de Gran Cruz en 1988 y por parte del Gobierno, la Orden de Boyacá en 1992. Ha sido pionero en áreas como la anestesia, la cirugía cardiovascular, la neurocirugía, la electrofisiología y la cirugía mínimamente invasiva. En sus instalaciones se han formado generaciones de especialistas que luego han liderado sociedades médicas, universidades y hospitales en todo el país. El Hospital de San José no solo ha sido un escenario de enseñanza, sino también de innovación, generando avances como el primer bypass coronario en Colombia y promoviendo la investigación y el desarrollo tecnológico en salud.

Hoy, es una institución moderna, con más de 100 años de historia, que recibe residentes de 60 facultades de medicina del país, para atender 26 especialidades y 33 segundas especialidades, bajo el liderazgo de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud – FUCS. La Sociedad de Cirugía de Bogotá. Hospital de San José, sigue avanzando con la misma misión que la vio nacer: formar, asistir y transformar la salud en Colombia.

150 años de la primera trepanación de cráneo en Colombia por Samuel Fajardo Camero

Conferencia del Académico Jaime Fandiño Franky, neurocirujano de la Universidad de Estocolmo en Suecia, fundador de la Liga Colombiana contra la Epilepsia y del Centro Colombiano de Epilepsia y Enfermedades Neurológicas FIRE. 

Samuel Fajardo Camero fue un médico nacido en Zipaquirá y formado en el Colegio Mayor del Rosario, graduado en 1855. Tras su grado viajo a Francia por 5 años. A su regreso,  empezó a ejercer su profesión con el Ejercito Nacional en el viejo Hospital Militar Central. Tenía formación de médico general, pero no una especialización en neurocirugía.

No contaba con una formación en neurocirugía rigurosa, pero sí la confianza suficiente para intervenir en casos delicados. Uno de ellos fue una trepanación realizada a un soldado con traumatismo craneoencefálico en el Hospital Militar en 1876, intervención considerada por algunos como la primera en el país, aunque ejecutada con errores elementales que hoy causarían alarma.  Según un relató aparecido en la Gaceta Médica ese mismo año, el Dr. Fajardo sostuvo que colocó el trépano en el hueso hundido -lo que hace suponer que no lo retiro para descomprimir el cerebro-, y al comprimir el cerebro con los dedos, el paciente despertó. Relato, que de acuerdo con el Dr. Fandiño, puede tener muchas imprecisiones porque de los contrario el paciente habría muerto en el acto. 

En aquel entonces, la neurocirugía era un terreno inexplorado en Colombia, no solo por la complejidad de la especialidad, sino también por la precariedad de los hospitales y la imposibilidad de controlar infecciones o anestesiar adecuadamente a los pacientes. La falta de instrumental adecuado, de esterilización y de formación especializada hacía de la neurocirugía un campo casi temido.

Pero la historia tomó un rumbo distinto con la aparición del doctor Mario Camacho Pinto, quién se formó inicialmente en neurología y psiquiatría en la Universidad Nacional, de la que se graduó en 1938. Posteriormente, se especializó en neurocirugía en la célebre escuela de Cushing en el Hospital Johns Hopkins de Baltimore, bajo la tutela del legendario Walter Dandy. Fue el primer neurocirujano colombiano en realizar una craneotomía y una trepanación con técnicas avanzadas. Fundó los servicios de neurocirugía del Hospital Militar y del Hospital San Juan de Dios en Bogotá, y sentó las bases para la práctica moderna en el país. 

Cuatro décadas de la Bolsa de Borráez.

Conferencia del Dr. Oswaldo Borráez. Médico de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en docencia universitaria de la Universidad Militar Nueva Granada, miembro de la Asociación Colombiana de Cirugía, de la Asociación Colombiana de Trauma, de la Federación Latinoamericana de Cirugía.

En el ejercicio de la cirugía, enfrentarse a patologías abdominales complejas es parte del día a día. En uno de esos casos críticos estuvo presente el Dr. Borráez, un paciente sufrió un cuadro de shock hipovolémico durante una colonoscopia, sin pérdida de volumen aparente. La intervención inmediata reveló que no había perforación, sino una hipertensión abdominal desencadenada por el aire introducido durante el procedimiento. La descompresión de la cavidad abdominal le salvó la vida. 

El “control de daño”, es una técnica que aboga por estabilizar primero al paciente y diferir reconstrucciones anatómicas para segundas cirugías. Este enfoque fue descrito formalmente por Michael Rotondo en 1994, aunque en hospitales como el San Juan de Dios ya se practicaban métodos similares. La cirugía entonces, era progresiva, adaptada a la fisiología del paciente más que a un protocolo quirúrgico rígido. Pero cerrar las cavidades abdominales tras estas intervenciones suponía un reto: las técnicas convencionales generaban tensión y complicaciones como fístulas o infecciones.

Frente a estas limitaciones, surgieron múltiples ideas para combatir estos inconvenientes como el desbridamiento y lavado de la cavidad a inicios del siglo XX o la irrigación con antibióticos en 1960. En 1979, el Dr. Steimberg probó una nueva alternativa, dejar el abdomen abierto como un absceso. Ante la inevitable exposición de las visceras, en 1980 el Dr. Teichmann propuso una técnica para el abdomen abierto, utilizaba una malla con cremallera para facilitar el drenaje y lavado periódico de la cavidad abdominal, aunque también presentaba inconvenientes por la adherencia de la malla.

En un contexto de necesidad y escasez, nació en 1984 en el Hospital San Juan de Dios en Bogotá una solución inesperada. Una noche, ante la imposibilidad de cerrar a un paciente tras múltiples reintervenciones, después de sufrir un grave accidente laboral con estallido hepático por la compresión de un carro que le cayó encima, y ante la falta de una malla para cubrir el área, el Dr. Borráez en ese momento residente, decidió cubrir el abdomen con una bolsa estéril de suero, fijada con puntos separados. La reacción del equipo fue de escepticismo e incluso rechazo, pero tras muchos cuidados e intervenciones posteriores, -usando la misma técnica para cubrir el área tras cada intervención-, el paciente sobrevivió, y esa improvisación marcó el inicio de una revolución en el manejo del abdomen abierto.

El caso pionero fue seguido por otros similares. Una paciente con sepsis ginecológica y un edema masivo también fue salvada con este método. La técnica comenzó a popularizarse dentro del hospital, adaptándose a cada necesidad clínica, y pronto se usaba en decenas de pacientes al año. Un año después, el profesor norteamericano David Feliciano, en un Congreso de Cirugía visitó el hospital y conoció la técnica. Al ver estos pacientes en San Juan de Dios, llamó al dispositivo la “Bolsa de Bogotá”, y posteriormente, “Bolsa de Borráez”. 

Con el tiempo, hacia 1994, el Dr. Borráez optimizó el diseño: colocaba dos bolsas, una interna que evitaba adherencias al peritoneo y otra externa que permitía reintervenciones sin trauma adicional. Esta técnica no solo mejoró los desenlaces clínicos, sino que redujo costos en un sistema de salud limitado y permitió tratar casos que antes hubieran sido considerados insalvables.

Esta técnica, nacida de la necesidad, ha sido adoptada globalmente. Han surgido nuevas técnicas como los sistemas de presión negativa, que aunque efectivos, son costosos. La bolsa original sigue siendo una herramienta vital, especialmente en contextos de bajos recursos. 

Hoy, cuatro décadas después, la bolsa sigue vigente. Ha sido utilizada no solo en abdomen abierto, sino también en tórax, cuero cabelludo, región lumbar y pediatría, como en el caso de un niño con isquemia intestinal que sobrevivió gracias a esta técnica. Un dispositivo sencillo, económico, reproducible y que ha salvado incontables vidas. La historia de la bolsa de Borráez es una prueba viva de cómo la creatividad médica, guiada por la necesidad y el compromiso con el paciente, puede transformar la práctica quirúrgica a nivel mundial.

35 años de la introducción de la máscara laríngea

Conferencia del Académico Dr. Fernando Raffan Sanabria, especialista en anestesiología de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora de Rosario y Medicina Crítica de Cuidado Intensivo de la Fundación Universitaria de Ciencias de la Salud-FUCS. Fellowship en anestesia para trasplante y cuidado intensivo de la Universidad de Birmingham. 

En 1990, la máscara laríngea, fue traída por primera vez a Colombia por el Dr. Raffan. Se realizaron las primeras demostraciones en la Fundación Santa Fe de Bogotá, con pacientes previamente seleccionados y bajo protocolos de la época, cuando aún no existía el INVIMA. Posteriormente, el Dr. Manuel Ferro, también anestesiólogo y exalumno del Dr. Raffan, se entrenó en Alemania y ayudó a expandir el conocimiento del uso de la máscara laríngea en la Clínica del Country.

El origen de este invento se remonta a 1981, cuando el Dr. Archie Brain, desarrolló un dispositivo que permitía un manejo de la vía aérea más amable que la intubación traqueal. Ideó un dispositivo intermedio entre la máscara facial y el tubo endotraqueal. Tras numerosos prototipos, llegó a la versión clásica de silicona, diseñada para ofrecer un manejo más seguro y menos invasivo de la vía aérea, especialmente útil en casos de intubación fallida o difícil. Su diseño inicial consistió en un tubo endotraqueal unido a una máscara de Goldman, y los primeros estudios en humanos se realizaron con pacientes mujeres sometidas a ligaduras de trompas con una laparoscopia diagnóstica, mostrando buenos resultados y mínimas complicaciones.

Con el paso del tiempo, la máscara laríngea se perfeccionó y diversificó en distintos tamaños y versiones, incluyendo modelos desechables y otros con canales para evitar la broncoaspiración. Incluso surgieron versiones con cámara incorporada (video-máscaras) que permiten visualizar la vía aérea en tiempo real, facilitando la intubación en situaciones complejas. El dispositivo, ahora presente en todos los carros de paro, ha sido clave en el manejo de pacientes “no ventilables, no intubables” y no hay riesgo detectado de broncoaspiración. Aunque no es un dispositivo indicado para pacientes con alto riesgo de broncoaspiración, con apertura bucal limitada, malformaciones de la vía aérea u obesidad mórbida, ha salvado innumerables vidas tanto de pacientes como de profesionales que, en situaciones críticas, encontraban en este dispositivo una solución rápida, segura y efectiva.

El Dr. Raffán tuvo la oportunidad de entrenarse directamente con el Dr. Brain, y en el Queen Elizabeth Hospital de Birmingham, pudo colocar sus primeras 50 máscaras, a finales de la década del 80. La máscara laríngea, sin duda, ha transformado el ejercicio de la anestesiología y ha contribuido a una práctica más segura y eficiente.

::::::::::::::::::::::

Intervenciones en: FORO: EFEMÉRIDES MÉDICAS

Resúmenes. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Colombia. 

0 0 votes
Article Rating

Visitas: 70

Share This