Artículo basado en la conferencia de la Dra. Astrid Malagón Rodríguez. Vicepresidenta de la Asociación Latinoamericana de Bancos de Tejidos.
El derecho a la salud, reconocido como fundamental por la OMS, constituye un pilar esencial para garantizar el acceso equitativo a terapias avanzadas como el trasplante de tejidos humanos. Este tipo de intervención no solo salva vidas, sino que mejora de manera significativa la calidad de vida de los pacientes. En este contexto, la donación de tejidos -que incluye córneas, piel, huesos, tendones, válvulas cardíacas, membrana amniótica, entre otros- se configura como un proceso complejo, altamente regulado y sustentado en principios éticos como la equidad, la transparencia, el altruismo y la calidad.
La donación de tejidos consiste en un conjunto de procedimientos mediante los cuales una persona, en vida o después de su fallecimiento, cede componentes anatómicos con fines terapéuticos. La mayoría de las donaciones provienen de donantes cadavéricos que cumplen estrictos criterios de selección clínica y epidemiológica, aunque en ciertos casos se recurre a donantes vivos. Este proceso resulta crucial para atender a pacientes en lista de espera, especialmente en áreas como oftalmología, tratamiento de quemaduras, cirugía reconstructiva y ortopedia.
A pesar de los avances globales, especialmente inspirados en modelos exitosos como el español, en América Latina persiste una notable heterogeneidad normativa en materia de donación y bancos de tejidos. Países como Argentina, Brasil, México, Uruguay y Colombia cuentan con marcos regulatorios sólidos que permiten una adecuada gestión de los procesos de donación, procesamiento y distribución. Sin embargo, en otras naciones aún existen vacíos normativos que dificultan la estandarización de prácticas y limitan el desarrollo de sistemas eficientes de biovigilancia y trazabilidad.
En Colombia, el marco regulatorio está definido principalmente por el Decreto 2493 de 2004 y la Resolución 5108 de 2005, que establecen las condiciones para el funcionamiento de los bancos de tejidos y las buenas prácticas que deben cumplir. Estas instituciones, sin ánimo de lucro, son responsables de la obtención, extracción, procesamiento, preservación, almacenamiento y distribución de tejidos y médula ósea. Su funcionamiento es supervisado por el Instituto Nacional de Salud, encargado de la Red Nacional de Donación y Trasplantes y del sistema de información Red Data INS, donde se inscriben las instituciones que hacen parte del proceso, y el INVIMA, que certifica el cumplimiento de estándares de calidad.
El proceso en los bancos de tejidos inicia con la identificación y selección del donante, considerada una etapa crítica que garantiza la calidad y seguridad de los tejidos. Posteriormente, se realiza la procuración, el procesamiento en condiciones controladas, la preservación mediante técnicas específicas y el almacenamiento bajo parámetros estrictos de temperatura y bioseguridad. Todo el proceso está acompañado de sistemas rigurosos de trazabilidad, control de calidad y documentación, incluyendo pruebas infecciosas obligatorias y análisis microbiológicos.
La infraestructura de los bancos debe cumplir altos estándares tecnológicos; con áreas controladas, sistemas de aire filtrado, control de temperatura, humedad y presión, personal altamente capacitado, acceso restringido con sistema de exclusas. Además, se requiere un sistema de gestión de calidad que incluya auditorías internas, validación de procesos y control de insumos. Condiciones fundamentales para garantizar la seguridad de los tejidos y mantener la confianza pública en el sistema de donación.
En Colombia existen actualmente 23 bancos de tejidos certificados que manejan un solo tipo de tejido o multitejidos, y 5 centros de almacenamiento temporal.
En términos de impacto, los tejidos humanos benefician a múltiples grupos de pacientes. Las córneas, por ejemplo, permiten recuperar la visión; la piel y la membrana amniótica son esenciales en el tratamiento de quemaduras, cirugía plástica y maxilofacial; los huesos y tendones contribuyen a la reconstrucción ortopédica, en procesos cancerígenos y regeneración ósea. No obstante, en Colombia persiste una lista de espera significativa, especialmente para trasplantes de córnea, lo que evidencia la necesidad de fortalecer la cultura de donación.
Entre los principales desafíos se encuentran la baja tasa de donación, la limitada conciencia pública, las restricciones de recursos y la necesidad de actualización normativa. Frente a este panorama, se destacan iniciativas orientadas a la mejora continua, como la capacitación del talento humano, el fortalecimiento de redes colaborativas y la cooperación internacional. Programas de formación liderados por entidades nacionales han permitido aumentar la capacidad técnica de los profesionales de la salud, mientras que organismos como la Unión Mundial de Asociaciones de Bancos de Tejidos, la OPS, que constantemente emite guías y documentos, y la Red/Consejo Iberoamericano de Donación y Trasplante, que publica lineamientos y avances en nuevas tecnologías, impulsan el intercambio de buenas prácticas.
Mirando hacia el futuro, los bancos de tejidos tendrán un papel clave en el desarrollo de la medicina regenerativa, apoyados en la optimización de técnicas de preservación, avances en trasplantes y la participación en redes colaborativas. A nivel regional, iniciativas como el plan de acción de la Organización Panamericana de la Salud sirven como guía estratégica. En Colombia, aunque existen avances, la normativa vigente (especialmente la de 2005) requiere actualización para adaptarse a los nuevos desarrollos científicos, lo que ya ha impulsado mesas técnicas y nuevos lineamientos. Además, se busca reducir los tiempos de formación especializada del personal y fortalecer la colaboración internacional para ampliar las oportunidades de investigación y crecimiento del sector. Estas acciones buscan un acceso equitativo, oportuno y con calidad para los pacientes que hoy esperan una segunda oportunidad.
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Intervención de la Dra. Malagón en: TRASPLANTES, BIODERECHO Y BIOÉTICA
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina.
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