Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Conferencia a cargo del académico Dr. Gustavo Landazábal Bernal, médico y especialista en cirugía general de la Universidad Militar Nueva Granada, especialista en cirugía gastrointestinal y endoscopia digestiva de la Pontificia Universidad Javeriana. Vicepresidente de la Academia Nacional de Medicina.

Un homenaje silencioso al intestino delgado, ese órgano al que rara vez se le reconoce su grandeza por no ser frecuentes sus manifestaciones dramáticas a nivel clínico, lo que lo hace pasar desapercibido, pero cuya nobleza y eficiencia en el cuerpo humano merecen ser celebradas.

El intestino delgado representa el 75% de la longitud del tracto digestivo y el 90% de su superficie, y sin embargo, solo produce un mínimo de patologías significativas, como el 4% de los sangrados digestivos y apenas un 3% de las neoplasias gastrointestinales. Su morfología interna, con pliegues, vellosidades y microvellosidades, lo transforma en una máquina perfecta de absorción. Si se tomara la mucosa del intestino, extendiéndola en una sola capa, podría cubrir la superficie de una cancha de tenis.

El intestino cuenta con varios tipos de células especializadas: los enterocitos, que absorben nutrientes; las células caliciformes, que secretan moco para lubricar y proteger la mucosa intestinal; las células endocrinas, que regulan funciones hormonales; y las células de Paneth, que participan en la respuesta inmunológica. Además, existen células madre indiferenciadas que reponen la mucosa intestinal, la cual se renueva cada 8 días. También se encuentran las glándulas de Brunner en la porción proximal del duodeno, cuya función principal es proteger el duodeno del ácido gástrico. La irrigación sanguínea del intestino proviene de la arteria mesentérica superior, y el drenaje venoso se va al sistema porta, facilitando el procesamiento de los nutrientes a nivel del hígado.

Cada estudio diagnóstico, desde lo más elemental como una placa de abdomen hasta complejos estudios como la enteroclisis, la medicina nuclear, la resonancia o los estudios angiográficos, ha permitido su análisis.

Los avances tecnológicos han permitido ver cada vez más profundamente dentro del intestino delgado. La historia de la endoscopia, desde los instrumentos rígidos hasta los digitales, ha revelado este avance. Los primeros intentos eran rudimentarios y hasta dolorosos, pero con la llegada de la fibra óptica y posteriormente de técnicas como la enteroscopia y la cápsula endoscópica, se abrió un nuevo universo. El intestino delgado, antes invisible, empezó a revelarse con nitidez.

La evolución de la enteroscopia ha sido notable. El primer enteroscopio se diseñó en el año 1972, con una técnica curiosa: el paciente debía tragar un hilo y era necesario esperar de dos a 5 días a que hiciera el tránsito hasta salir por el recto. Una vez “enhebrado” todo el intestino, se pasaba una sonda de teflón sobre el hilo que servía de guía para el endoscopio.

Casi 30 años después surgió la técnica del enteroscopio de doble balón por el Dr. Hironori Yamamoto, que revolucionó el acceso a este órgano. La cápsula endoscópica, diseñada por el Dr. Paul Swain en el año 2000, se convirtió en una aliada diagnóstica poderosa, y su precisión para detectar sangrados, erosiones o úlceras, entre otras patologías, la convierte en una herramienta clave, aunque no perfecta porque no permite toma de biopsias y en ocasiones la localización de la lesión no es 100% precisa.

Son muchas las condiciones que puede padecer el intestino, como la enfermedad celíaca, por la no tolerancia al gluten, la enfermedad de Crohn, que causa inflamación en el tracto digestivo, las angiectasias o dilatación de vasos en el tracto que genera sangrados, también infecciones de todo tipo. Pese a lo delicado de las patologías, el intestino delgado se muestra, una y otra vez, como un órgano resiliente, capaz incluso de reemplazar un esófago si se requiere, como lo manifestó el Dr. Landazabal.

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Comentario de orden en el ingreso como Miembro Correspondiente del Dr. John Ospina Nieto a la Academia Nacional de Medicina.
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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