No es fácil construir la historia. Si la realidad de los sucesos de nuestro entorno y nuestro tiempo se distorsiona, con mayor razón la de los hechos que están a tanta distancia del presente. Cada cual cuenta la historia a su manera, cada cual la adereza con su ingenio o la desvirtúa al capricho de sus inclinaciones. Nuestra historia política, además, en las indagaciones que hoy me ocupan, muestra una extraordinaria propensión a las pasiones. Sucesos que parecían tan incuestionables hoy los encuentros inciertos, difieren las versiones, siembran dudas. ¿Qué decir de aquellos menos esclarecidos?

Pero sin desfallecer en el intento, y procurando mantener la mayor verticalidad en la narración de los hechos, abordaré cuatro interesantes historias que traen al presente la vida de cuatro mandatarios colombianos cuya salud fue centro de atención para los gobernados. Son ellas las de Francisco Javier Zaldúa, Manuel Antonio Sanclemente, Laureano Gómez y Virgilio Barco.

 

FRANCISCO JAVIER ZALDÚA

Francisco Javier Zaldúa

Francisco Javier Zaldúa y Racines nació y murió en Bogotá. Nació el 3 de diciembre de 1811 y murió el 21 de diciembre de 1882. Fue presidente de los Estados Unidos de Colombia en 1882.

Fue doctor en Derecho del Colegio de San Bartolomé y llevó a cabo una brillante carrera en la rama judicial que lo llevó a la Corte Suprema de Justicia. Fue parlamentario, ministro -entonces secretario- de Gobierno de José Hilario López y ministro del Interior y de Relaciones Exteriores de Julián Trujillo. Fue proponente del matrimonio civil, partidario de la libertad absoluta de los esclavos y opuesto a la expulsión de los jesuitas. Ejerció la cátedra de Derecho y fue rector de la Universidad Nacional.

Para las elecciones presidenciales de 1882, que elegían al sucesor de Núñez, el partido liberal, que estaba dividido entre radicales e independientes -en su mayoría Nuñistas-, se inclinó por Zaldúa como candidato de unidad. Los conservadores también lo respaldaron. El 1 de abril de 1882 se posesionó en el cargo. Su discurso de posesión fue de justicia, unidad y tolerancia, de unir al partido liberal y trabajar con los conservadores, y, sobre todo, de gobernar con independencia. Expresó: “Elegido presidente por mayorías formadas entre las diversas parcialidades, yo no vengo al ejercicio de la magistratura como apoderado de ninguna de esas parcialidades. […] Como la Administración que voy á presidir es obra casi unánime de mis conciudadanos, debo considerarme depositario común de la confianza de los partidos ; no para representarlos á todos en sus doctrinas, sino para ampararlos á todos en sus derechos”. Y como su salud reclamaba un clima y una altitud más benigna que la de Bogotá, comenzó a gobernar desde Anolaima.

Pero la independencia proclamada en su posesión y el acercamiento a los liberales radicales desencadenó una feroz oposición del Congreso, cuyo Senado era dominado por los liberales independientes, quienes obstruyeron toda iniciativa del presidente Zaldúa, desde el presupuesto de la nación, hasta el nombramiento de ministros. Núñez, parte de esta oposición, se hizo nombrar primer designado, y él, que había gobernado desde Cartagena en su primer mandato, promovió la derogación de la ley que permitía que el presidente gobernara fuera de la capital. A pesar del riesgo de la altitud el presidente Zaldúa regresó a Bogotá. Ocho meses y 20 días después de haberse posesionado falleció el 21 de diciembre de 1882 en el palacio de los presidentes. Es el único presidente de Colombia que ha muerto ejerciendo sus funciones. Núñez murió siendo presidente titular, pero alejado del cargo.

Dado que Rafael Núñez, primer designado a la presidencia, optó por seguir viviendo en Cartagena, asumió el poder el segundo designado, José Eusebio Otálora.

Para algunos autores la causa de su muerte fue un infarto, para otros, por padecer de bronquitis crónica, una neumonía. Lo cierto es que a las dolencias físicas se unieron las morales, y su frágil organismo fue afligido por las contrariedades que enfrentó su presidencia. “En la tarde de mi vida no tengo otra cosa que ofrecerle a la causa liberal que los pocos días que me quedan. Acepto la candidatura como mi sentencia de muerte”, había afirmado Zaldúa premonitoriamente.

Tras su muerte no faltaron los honores, las salvas de cañón y un funeral de Estado.

“Su muerte trascendió los acontecimientos que diariamente ocurrían en Bogotá y conmocionaron profundamente a la sociedad, debido a las simpatías que despertaba, pero también por la incertidumbre que generaba a la nación”, afirmó Clara Isabel MZ- Recamán en Representación social de la muerte en las ilustraciones del Papel Periódico Ilustrado (1881-1888).

 

MANUEL ANTONIO SANCLEMENTE

Manuel Antonio Sanclemente Sanclemente nació en Buga, el 19 de septiembre de 1813 y murió en Villeta el 19 de marzo de 1902. Fue presidente de la república entre 1898 y 1900, siendo el presidente de mayor edad en la historia de Colombia ejerciendo sus funciones. Aunque se le recuerda particularmente como un presidente anciano y frágil, ese fue solo el retrato del ocaso de su vida política, vida que tuvo un protagonismo destacado de la historia de Colombia.

Obtuvo el título de doctor en Jurisprudencia en la Universidad del Cauca. Fue parlamentario conservador – representante y senador en varios períodos-, ministro – secretario entonces- de Gobierno y de Guerra del presidente Mariano Ospina Rodríguez, ministro de Gobierno de Miguel Antonio Caro y magistrado de la Corte Suprema.

Participó en la guerra de 1860 defendiendo el gobierno del presidente Ospina, pero derrotado este vivió y ejerció como abogado en Panamá. Participó en la guerra de 1876 contra el gobierno de Aquileo Parra, pero fue apresado. Finalmente vio estallar durante su gobierno la guerra de los Mil Días.

Con el apoyo del presidente Miguel Antonio Caro consiguió la candidatura del partido conservador para las elecciones de 1898. Aspiraba Caro a mantener el poder a través del débil mandatario. Sanclemente fue elegido presidente cuando contaba 84 años. Pero sus dolencias, que habían sido motivo de su renuncia al cargo de ministro de Gobierno de Caro, le impidieron viajar de Buga a Bogotá para posesionarse. Asumió el poder el 7 de agosto de 1898 el vicepresidente, José Manuel Marroquín, 14 años menor que Sanclemente. Caro apremiaba la posesión del presidente, y este, francamente descontento con el actuar del vicepresidente y con la intención de impedir la aprobación por Marroquín de las reformas propuestas por los conservadores históricos -ala opuesta a la nacionalista de Caro- y los liberales, decidió viajar a Bogotá a asumir la presidencia.

Llegó el 3 de noviembre de 1898, y se posesionó ante la Corte Suprema de Justicia, pero sus quebrantos de salud lo obligaron, de inmediato, a administrar el país desde Villeta, cuya altitud era más benévola para su enfermedad cardíaca. Entonces su ministro de Gobierno, Rafael María Palacios, anduvo en ires y venires tras su firma. Y se infirió que los colaboradores del presidente, hombres de Caro, eran quienes realmente gobernaban. Hubo, de adquirir, por cierto, histórica figuración el sello de caucho presidencial con el que se rubricaban en nombre de Sanclemente los decretos.

A casi un año de su posesión los liberales se levantaron en armas contra el Gobierno y estalló la guerra de los Mil Días. Las fisuras seguían en el partido conservador. Sanclemente no veía con agrado a Marroquín, ni los amigos de Marroquín a Sanclemente. Del presidente se decía que era habitual su pérdida de memoria y la confusión del presente y el pasado. Así, muchos conservadores considerando la incapacidad del presidente para hacer frente al conflicto y a la situación económica -con una inflación desbordada- conformaron con algunos liberales un movimiento golpista que propuso a Marroquín el derrocamiento de Sanclemente. Y en plena guerra Sanclemente fue depuesto el 31 de julio de 1900 por su vicepresidente. La “neutralidad” de las tropas hizo del golpe un suceso fácil e incruento. A nivel diplomático se justificó el golpe como una determinación en favor de la salud y la tranquilidad del presidente, y como remedio a la anarquía en que vivía el país con la ausencia del presidente. Tres días después del golpe, el 3 de agosto de 1900, escribió Sanclemente: “Compatriotas: En la noche del 31 del mes próximo pasado, el Vicepresidente de la República, señor Marroquín, apoyado por unos pocos individuos del Ejército, se declaró en ejercicio del Poder Ejecutivo, desempeñado por mí, y nombró su ministerio, desconociendo así mi autoridad, contrariando la voluntad de la Nación, que me llamó á servir la Presidencia, y dando á conocer que profesa el inmoral principio de que la fuerza prima al derecho. No contento con eso, dispuso que se me redujera a prisión como si fuera un insigne criminal, y así se ha hecho”. Entretanto, la guerra continuó porque Marroquín no cumplió los acuerdos con los liberales.

Sanclemente proclamaba: “Detenido o en libertad, aquí o en cualquier parte, siempre seré el presidente de la República mientras tenga el mandato de la ley”. Intentó por muchos medios volver a la presidencia, y aunque contó con el respaldo de Marco Fidel Suárez, Carlos E. Restrepo y Miguel Antonio Caro, nunca reconquistó el poder. Murió en Villeta el 19 de marzo de 1902.

 

LAUREANO GÓMEZ CASTRO

Laureano Gómez CastroLaureano Eleuterio Gómez Castro nació y murió en Bogotá. Nació el 20 de febrero de 1889 y murió el 13 de julio de 1965. Fue presidente de la República entre 1950 y 1951.

Alumno ejemplar del Colegio de San Bartolomé, estudió Ingeniería Civil en la Universidad Nacional. Arraigadas ideas religiosas cristianas encauzaron sus pasos, y la tradición católica influyó en su pensamiento como en sus acciones

Fue diputado a las asambleas de Santander y Antioquia, representante a la Cámara, senador, presidente del Senado, ministro de Obras Públicas de Pedro Nel Ospina y de Relaciones Exteriores de Mariano Ospina Pérez, y ministro plenipotenciario en Argentina y Alemania

Provocador, beligerante, descalcificador, polémico, sectario, extremista, fue apodado el «Hombre Tempestad», el «Monstruo»; y el «Basilisco». Poseedor de privilegiado verbo fue orador eminente. Ignacio Arizmendi Posada lo describió como «impetuoso, franco hasta el delirio, obcecado, tirante en su verbo, amigo de la camorra y la crítica exuberante”.

Hizo del periodismo en tribuna para su pensamiento y para su actividad política. Fundó en 1936, con José de la Vega, el periódico El Siglo.

El 7 de agosto de 1950 asumió la presidencia de la República, después de ganar las elecciones para el período 1950-1954, en las que el partido liberal denunciando persecución y falta de garantías se retiró del debate. Estaba en sus planes un nuevo país, antiliberal y anticomunista, a través de una Asamblea Constituyente, pero un síncope cardiaco o un derrame cerebral -cuánto difieren las fuentes- lo obligó a separarse del poder en 1951. Asistía el 21 de octubre a una revista aérea en Palanquero cuando sufrió la afección que lo marginó de la presidencia. Asumió el poder el designado Roberto Urdaneta Arbeláez, quien para el 21 de octubre no era designado. Debió instalarse el Congreso y convencer a los parlamentarios de votar por Urdaneta. El designado era hasta entonces el liberal Eduardo Santos y el favorito a sucederlo Gilberto Alzate Avendaño.

Para que la presidencia no pasara a manos liberales el presidente Gómez expidió el decreto 2996 de 1950 que estableció que mientras no se eligiera nuevo designado el ministro de Gobierno, en primer término, era el llamado a reemplazar al primer mandatario. En cuanto a la posible elección de Alzate, se dice que Álvaro Gómez, hijo del presidente recomendó el nombre de Urdaneta como el deseo de su padre moribundo. Y la muerte inminente de Gómez presumiblemente convenció a Alzate de pedir al Congreso la elección de Urdaneta Arbeláez. Con 108 votos a favor y solo uno en contra, el de su propio hijo, quien votó por José Antonio Montalvo, Urdaneta, ministro de Gobierno, fue elegido designado el 30 de octubre de 1951. Al día siguiente, 1.° de noviembre, Laureano Gómez anunció su «retiro temporal». Un parte médico del médico del presidente, Bernardo Umaña de Brigard, que no permitía imaginar una enfermedad grave, señaló a la opinión pública el 29 de octubre: “El país sabe que el señor excelentísimo presidente, doctor Laureano Gómez, ha venido sufriendo indisposiciones de salud. Sus médicos hemos considerado conveniente indicarle que debe guardar reposo por algunos días”.

La enfermedad lo alejó del ejercicio de sus funciones, pero no fue impedimento para que participara en las decisiones del Gobierno. Gómez, quien veía con desconfianza al general Gustavo Rojas Pinilla, encontró en la detención y posible tortura de un industrial, Felipe Echavarría Olózaga, por el Ejercito, el motivo para destituirlo. Ordenó su remoción al presidente Urdaneta. No cumplida su orden, Gómez se hizo presente en el Palacio de la Carrera, reasumió el poder y destituyó al ministro de Guerra Lucio Pabón Núñez, y lo reemplazó por Jorge Leyva, quien llamó a calificar servicios al teniente general Gustavo Rojas Pinilla, comandante de las Fuerzas Armadas. Sin embargo, el sector conservador liderado por Mariano Ospina Pérez apoyó a Rojas y lo animó a tomar el poder. Así lo hizo Rojas Pinilla aquel 13 de junio de 1953.

Tras el golpe militar estuvo en exilio en España, pero no cesó su accionar político. Firmó la Declaración de Benidorm y el Pacto de Sitges que dieron origen al Frente Nacional. Volvió al país, siguió participando en política, fue jefe natural del conservatismo y hombre fuerte de la colectividad, con gran arraigo popular en la masa conservadora y no poca animadversión de otros dirigentes del partido. Fue elegido senador en 1958, presidió el Senado, bloqueó la candidatura de Guillermo León Valencia, primer virtual presidente del Frente Nacional, e impuso la de Alberto Lleras Camargo. Solo una enfermedad cardiaca padecida los últimos tres años de su vida lo alejó de la política activa, pero a través de El Siglo siguió influyendo en ella. Víctima de una hemorragia digestiva murió el 13 de julio de 1965.

Viendo a un hombre políticamente tan activo tras su dimisión, me pregunto: ¿era necesaria su renuncia? De todas maneras, él a un mes del golpe militar en carta al cardenal Crisanto Luque ratifica su precaria salud. Le escribe: “Un día tuve la horrenda sorpresa de saber que el ejército había establecido la tortura… A pesar de mi mala salud reasumí el mando para evitar a la república esa afrenta con el simple ejercicio de mis facultades constitucionales”.

 

VIRGILIO BARCO VARGAS

Virgilio Barco VargasVirgilio Barco Vargas nació en Cúcuta el 17 de septiembre de 1921 y murió en Bogotá el 20 de mayo de 1997. Fue presidente de la República entre 1986 y 1990.

Más conocido por su carrera política, fue ingeniero civil egresado de la Universidad Nacional de Colombia y del Massachusetts Institute of Technology. Militó en el Partido Liberal y discurrió por la vida política nacional ocupando diferentes cargos: representante a la Cámara, senador, ministro de Obras Públicas de Alberto Lleras Camargo, de Hacienda y Agricultura de Guillermo León Valencia, alcalde de Bogotá y presidente de la república. Fue embajador de Colombia en los Estados Unidos y en dos oportunidades ante el Reino Unido. Con este último cargo terminó su vida pública.

Su cuatrienio, fue uno de los más críticos y difíciles en la historia de Colombia. Barco debió enfrentar a la guerrilla, a los paramilitares, el exterminio de la Unión Patriótica y la envestida del Cartel de Medellín con su sangriento terrorismo. También le correspondió a su gobierno la firma de la paz con el M-19 y la gestación de la asamblea constituyente que dio origen a la Constitución de 1991, sucesos que no se hubieran dado sin su ahínco. También fue quien realmente puso fin al Frente Nacional al estrenar el esquema gobierno- oposición. Su período estuvo sembrado de sucesos, como pocos, en la historia de Colombia, y se convirtió en uno de los más aciagos. Fueron asesinados entre muchos, tres candidatos presidenciales -Luis Carlos Galán Sarmiento, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez-, un procurador general -Carlos Mauro Hoyos-,​ el director de un periódico -Guillermo Cano Isaza, director de El Espectador-,​ dos comandantes de la Policía -el comandante de la Policía Antinarcóticos, coronel Jaime Ramírez Gómez, y el comandante de la Policía de Antioquia, coronel Valdemar Franklin Quintero- y un gobernador -Antonio Roldán Betancur, gobernador de Antioquia-.  ​

El presidente constituyó un grupo de asesores que pasó a la historia como el “sanedrín”, integrado por reconocidas personalidades, muy de su entraña, y entre las que se contaron Mario Latorre, Gustavo Vasco, Fernando Cepeda Ulloa y Germán Montoya Vélez.

El empresario Germán Montoya fue nombrado secretario general de la Presidencia, y fue presentado por medios, como la revista Semana, como “quien realmente tomaba las grandes decisiones en Palacio”; su mano derecha, dijeron críticos menos lanzados.

Más que durante su administración, al dejar la presidencia, los medios de comunicación comenzaron a teorizar sobre un alzhéimer que padecía Barco al final de su mandato, más osados llegaron a afirmar que la enfermedad era de vieja data, previa a la campaña que lo llevó a la presidencia.

Tenido por hombre inteligente, Barco fue visionario y buen alcalde de la capital, destacado ministro de Obras Públicas y presidente que administró sin tacha, y es recordado, en general, con respeto por sus compatriotas. Mandatario que salió airoso a pesar de los convulsionados días que le tocó enfrentar. El presidente a decir verdad no lucía confuso en sus intervenciones. A mí solo me constan algunas dificultades de dicción que se alcanzaban a percibir desde la misma campaña presidencial, y que no se traducían en alteraciones de su lucidez. De por sí, Barco había aludido a ellas cuando le confesó a la periodista Margarita Vidal: “Con mi habladito me he bandeado en 35 años de vida política”.

Germán Montoya Vélez, su secretario general, fue un antioqueño liberal que estudió en la Escuela de Minas, trabajó en Coltejer hasta llegar a la vicepresidencia a los 27 años, fundó Colmotores y estuvo al frente durante 25 años. Fue persona acogedora y trabajador incansable. El cargo de secretario general de la Presidencia fue el único que ocupó en el sector público, tras desempeñarlo volvió al sector privado. A los 100 años murió en el 2020.

Ante el conocimiento del alzhéimer que padecía el expresidente creció el rumor de que Montoya era quien tomaba las grandes decisiones presidenciales.

Otro suceso de la salud del presidente Barco en el que no me detengo tiene que ver con la diverticulitis que lo obligó a ser intervenido de urgencia en septiembre de 1987 durante un viaje a Corea. Fue un hecho ampliamente conocido y el cual siguieron los colombianos minuto a minuto gracias a los medios de comunicación.

Evidencias y anécdotas

En torno al presidente hay todo un anecdotario que más que ratificar su condición de salud, condimenta, hasta con humor, la verdadera historia. La tragedia se transforma en comedia con el paso del tiempo.

Según Alberto Donadio “Dos o tres años antes de su muerte en 1997, el expresidente Virgilio Barco fue diagnosticado con una avanzada enfermedad neurodegenerativa que le impedía firmar, expresarse, escribir, orientarse y dar cuenta de su propia vida, presente o pasada”. Hecho conocido que no sorprende. También escribe: “Años después, al terminar su administración en 1990, Virgilio Barco Vargas fue nombrado embajador en Londres, donde permaneció dos años. Cuando caminaba en la biblioteca de la residencia del embajador y pasaba frente a la colección de libros sobre Francisco de Paula Santander hablaba en voz alta con el general Santander”. Y acota que un camarero de la embajada que escuchó a Barco afirmó que “estaba muy perdidito”.

Conocida la enfermedad pocos años después de terminar su mandato comenzaron las especulaciones que lo pusieron a padecerla desde sus días en la presidencia, y aun desde la campaña presidencial. No aceptar debates con sus contendores en campaña hoy se atribuye a un hipotético deterioro mental.

“Germán Montoya era el verdadero presidente de la república, mientras Virgilio Barco se iba hundiendo en las brumas de la amnesia” escribió, no sé con cuánta certeza, Daniel Coronell. Pero representa una idea reiterada en los medios. En que padecía alzhéimer coindicen casi todas las fuentes consultadas. También se habla de una demencia frontoparietal.

Pedro Luis Barco Díaz, en Las Dos Orillas, menciona que los moretones en los tobillos del presidente correspondían a golpes que con el pie le daba su secretario general para que no perdiera el hilo durante las conversaciones.

Escribe Barco Díaz: “Aun recuerdo su llegada, como candidato, a la “Plaza Roja” de Palmira: estaba a reventar. Cuando le tocó el turno para dirigirse a la multitud, acicaló sus lentes de montura gruesa, saludó con tres errores de pronunciación a su comitiva y dijo con voz trémula por la emoción: ‘ciudadanos de Pereira’. Muchos de los oyentes arriaron banderas y se devolvieron a sus casas. Para colmo, cuando leía su discurso, una ráfaga de viento le devolvió una hoja que ya había leído y volvió a leerla”. Así, el deterioro mental tardíamente conocido se fue aduciendo como causa de los lapsus que de otra manera no se hubieran resaltado como producto de enfermedad alguna. Guillermo León Valencia dio vivas a España en la recepción al presidente francés Charles de Gaulle. Nadie imaginó que estuviera enferma la mente de Valencia.

Daniel Samper Pizano refiere que en una visita a Portugal el presidente Barco en una reunión con inversionistas empezó a leer un discurso y abruptamente lo terminó diciendo “muchas gracias”. Pero alguien le señaló “No, presidente, faltan páginas”. Entonces el presidente dijo: “Por favor, perdí la pelota, pero la he vuelto a conseguir. Vengan y seguimos».

Guillermo Perry Rubio, su ministro de Minas y Energía, aportó otro testimonio: “Al cabo de unos meses comencé a notar que de golpe se ‘iba’ en nuestras reuniones privadas”, y agrega que Gustavo Vasco, miembro del “Sanedrín”, “me confirmó que Barco tenía comienzos de Alzheimer y que se estaba agravando”.

Solo espero que la inquina periodística, que también existe, como en toda actividad humana, no esté distorsionando la historia en las fuentes documentales más ampliamente consultadas y leídas: los medios de comunicación.

Virgilio Barco afectado por un cáncer gástrico y por la enfermedad de Alzheimer murió el 20 de mayo de 1997 en Bogotá.


* Miembro Academia Nacional de Medicina de Colombia y Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Comentario al trabajo de ingreso del académico Orlando Mejía Rivera a la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina, sesión del 19 de mayo del 2021

 

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