Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Conferencia del Dr. Darío Echeverri Arcila, médico cirujano  graduado de la Universidad de Caldas, especialista en medicina interna de la Universidad Nacional de Colombia, especialista en cardiología clínica del Hospital Militar Central, especialista en hemodinamia e  intervencionismo cardiovascular del Hospital Militar. Director del Departamento de Cardiología de la Fundación Cardioinfantil – La Cardio. 

La aterosclerosis ha transitado junto al ser humano desde siempre. Incluso en recién nacidos de madres con niveles elevados de grasas (lípidos) en la sangre, ya se pueden ver huellas de esta enfermedad silenciosa. Es un mal metabólico, inflamatorio, crónico y progresivo que se comporta como una sombra difusa, irreversible, pero marcada por un sello claro, el colesterol. “Si no hay colesterol, no hay aterosclerosis”, señala el Dr. Echeverri, y las arterias lo confirman con sus múltiples caras: algunas con placas estables, otras con focos inestables.

No es nueva. Se han encontrado placas calcificadas en momias egipcias y en restos  milenarios del desierto de Atacama. Leonardo da Vinci ya había dibujado sus huellas al diseccionar arterias coronarias y, quizá sin saberlo, retrató el primer xantelasma en los ojos de la Mona Lisa, un depósito inofensivo de colesterol o grasa, que aparece como una placa amarillenta y blanda en la piel del párpado o cerca de ella, signo de una hiperlipidemia severa. Más tarde, médicos como William Heberden, Virchow y Herrick fueron dando forma al entendimiento de la angina, del infarto y del papel de los lípidos en este proceso letal.

El impacto en la salud ha sido inmenso. La Organización Mundial de la Salud señala que las enfermedades cardiovasculares superan la suma de varias de las principales causas de muerte. En Colombia, ocupan el primer lugar tras la pandemia por COVID, aunque muchas muertes atribuidas a este virus tuvieron detrás una comorbilidad asociada al riesgo cardiovascular. La hipertensión, la hiperlipidemia y la afectación renal son factores que empujan a la población hacia un mismo destino: el daño arterial.

La historia de la investigación científica en este campo está llena de giros sorprendentes. Alexander Ignatowski, hace más de un siglo, alimentando conejos con yemas de huevo, abrió el camino para demostrar cómo el colesterol infiltraba las arterias. Un siglo después, se ha confirmado que una simple yema de huevo podría aumentar en un 6% el riesgo cardiovascular. Así, el colesterol LDL (lipoproteínas de baja densidad), o colesterol “malo”, que se acumula en las arterias formando placas que pueden bloquear el flujo sanguíneo, se convirtió en el villano principal, rompiendo el equilibrio endotelial y desatando un proceso inflamatorio en cascada.

Recientemente ha surgido la lipoproteína (a) o Lp(a) como un nuevo factor de riesgo, pues es cinco a seis veces más aterogénica que el colesterol LDL. Hoy en día, se recomienda que todo el mundo tenga al menos una vez en su vida una medición de lipoproteína (a).

El equipo del Dr. Echeverri en La Cardio realizó estudios iniciales en un cerdo sano y observaron el lumen y la capa de células endoteliales sobre la lámina elástica interna, propios de una arteria sana. Sin embargo, ante la presencia de factores de riesgo, lo primero que ocurre es la acumulación de partículas de LDL en la íntima arterial, lo que genera separación del endotelio de la lámina elástica interna y pérdida de las funciones protectoras del óxido nítrico. 

Estos hallazgos los llevaron a estudios en conejos, donde comprobaron que las arterias con disfunción endotelial se contraían más que aquellas con endotelio normal. Con la administración de atorvastatina, evidenciaron que las estatinas aumentan la expresión de óxido nítrico y favorecen la relajación vascular frente a la acetilcolina. Sin embargo, con la progresión del daño, el estrés oxidativo provocado por los factores de riesgo estimula la producción de radicales libres, los cuales generan efectos quimiotácticos, citotóxicos, mitogénicos, inmunogénicos y procoagulantes. Este conjunto de procesos acelera el crecimiento de la placa aterosclerótica y profundiza la disfunción endotelial. Un estudio que les mereció una mención especial por parte de la Academia Nacional de Medicina. 

En la aterosclerosis no solo participan monocitos, sino que también linfocitos y neutrófilos se suman al escenario, transformando el interior de la arteria en un campo de batalla. Las placas tempranas se convierten en masas fibrosas, calcificadas y vulnerables, capaces de romperse y generar un infarto agudo de miocardio. Con estudios de tomografía de coherencia óptica, los médicos han logrado ver estas rupturas en detalle. Las imágenes intracoronarias, el ultrasonido y la tomografía de coherencia óptica han llevado la visión de la aterosclerosis a una escala microscópica. 

La Asociación Americana del Corazón recomienda ocho hábitos de vida: una dieta rica en vegetales y en frutas, el ejercicio, el control de los lípidos, el control de la diabetes, el control de peso, el control de la tensión arterial, la reducción de la nicotina y un adecuado hábito del sueño. Existen una gran cantidad de terapias hoy en día que ayudan a mejorar el flujo sanguíneo, pero uno de los grandes avances en los últimos 20 años es el uso de las estatinas.

La investigación ha demostrado que las estatinas son mucho más que simples reductores de colesterol. Mejoran la función endotelial, reducen la inflamación y estabilizan las placas. Hoy son la piedra angular del tratamiento, aunque nuevas terapias —desde anticuerpos monoclonales hasta inhibidores de la inflamación— prometen cambiar el rumbo de la enfermedad en los próximos años.

La cirugía también marcó hitos. El bypass coronario, con el argentino René Favaloro a la cabeza, y más tarde la angioplastia coronaria de Andreas Gruentzig, transformaron la historia de la cardiología. Los stents medicados llevaron esa revolución aún más lejos, estabilizando placas vulnerables y reduciendo drásticamente las reintervenciones. La innovación tecnológica ha permitido tratar lesiones complejas en vasos pequeños, bifurcaciones o lesiones calcificadas.

El futuro se dibuja en la prevención y en la innovación. Hábitos de vida saludables, inteligencia artificial, medicina de precisión, nuevos medicamentos, nueva tecnología y estudios genéticos podrían reescribir la historia de esta temible condición. 

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Intervención completa en: 

ATEROSCLEROSIS: LA ENFERMEDAD QUE HA RETADO A CIENTÍFICOS, LA TECNOLOGÍA Y A LA INNOVACIÓN

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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