Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Conferencia del académico Dr. Michel Faizal Geagea, dermatólogo de la Universidad Nacional de Colombia, dermatólogo oncólogo. Especialista en cirugía dermatológica de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, y dermatología tropical en el Instituto de Medicina Tropical de Manaos. Miembro de varias asociaciones y sociedades científicas. Académico de Número*.

La dermatitis atópica es más que una enfermedad de la piel; es una afección inflamatoria autoinmune con raíces genéticas, inmunológicas y sistémicas. Su origen se vincula a alteraciones en la función de la barrera cutánea, especialmente con deficiencias en proteínas clave como la filagrina. Esta patología no solo afecta la piel, sino que tiene alteraciones en otros órganos del cuerpo. Desde la atención primaria se debe abordar de forma integral, involucrando tanto al sistema médico como a la comunidad, con estrategias enfocadas en diagnóstico, tratamiento, prevención y rehabilitación.

El diagnóstico de la dermatitis atópica se basa fundamentalmente en criterios clínicos. Desde los años 70, gracias a los criterios de Hanifin y Rajka, se identificó como una enfermedad cíclica, con períodos de exacerbación y remisión, con diferentes grados de prurito o picazón, con lesiones inflamatorias de localización típica. Existen factores hereditarios significativos. Si uno de los padres padece alguna forma de atopia —predisposición genética a desarrollar reacciones alérgicas o hipersensibilidades a sustancias ambientales— presentes en enfermedades como el asma bronquial, la rinitis alérgica o la dermatitis atópica, el riesgo en los hijos se eleva considerablemente. Hasta un 80% si ambos progenitores están afectados.

En Colombia, el conocimiento de la dermatitis atópica tiene raíces históricas. Antonio Vargas Reyes fue uno de los primeros médicos en hablar de esta afección a mediados del siglo XIX, aunque en esa época se conocía simplemente como “eczema”. Más adelante, figuras como Nicolás Osorio dejaron constancia en sus Lecciones sobre enfermedades de la piel, compiladas por algunos de sus estudiantes en un libro de 1885.  

La dermatitis atópica aparece con frecuencia en los primeros meses de vida, aunque su curso es variable: puede desaparecer tempranamente o persistir hasta la adultez. En los bebés y niños pequeños, las lesiones suelen comenzar en la cara (mejillas, mentón) con piel seca, picazón y erupciones cutáneas. También aparecen signos particulares como la palidez alrededor de la boca o la aparición de un pliegue adicional debajo del párpado inferior, conocido como el pliegue de Dennie-Morgan. En niños mayores, las lesiones migran a pliegues antecubitales (parte interna del codo) y poplíteos (parte posterior de la rodilla), presentando un engrosamiento y endurecimiento de la piel.

Además de las manifestaciones cutáneas, los pacientes con dermatitis atópica tienen una mayor susceptibilidad a infecciones. La alteración de la barrera inmune cutánea facilita el crecimiento de bacterias como el Staphylococcus aureus, llevando a presentar cuadros más graves de la enfermedad. En adolescentes o personas mayores, estos cuadros agravados pueden llevar a la eritrodermia, una afección cutánea que se caracteriza por un enrojecimiento generalizado de la piel, descamación y, a menudo, picazón, y que afecta a más del 80% de la superficie corporal.

Los pacientes pueden presentar un amplio rango de comorbilidades: desde urticarias recurrentes hasta infecciones virales, fúngicas como la tiña (infección causada por hongos en la piel, el cuero cabelludo o las uñas) y bacterianas. Manchas decoloradas en la piel o zonas con pérdida de cabello (alopecia areata) son otras de las características en algunos pacientes.

No menos importante es el impacto neurológico y psicológico en estos pacientes. Trastornos del sueño, ansiedad, déficit de atención y depresión son frecuentes, especialmente en niños. Incluso se ha asociado con alteraciones a nivel endocrino, cardíaco y compromiso vascular periférico, una enfermedad que afecta los vasos sanguíneos (arterias y venas), principalmente en las extremidades.

La dermatitis atópica no es una simple afección cutánea, sino una enfermedad con profundas implicaciones médicas, sociales y emocionales. Su manejo exige una mirada integral, especialmente desde los primeros niveles de atención. Solo así se podrá mejorar la calidad de vida de quienes conviven con esta condición desde los primeros meses de vida.

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* Comentario de orden en la sesión “Consenso de tratamiento de la dermatitis atópica en atención primaria”.

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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