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Por Remberto Burgos

El síndrome de abstinencia es complejo, más cuando se debe operar y tenemos la alta sospecha que el paciente lo puede presentar. El agudo es de fácil reconocimiento y en 48 horas las manifestaciones clínicas se hacen evidentes. En el tardío, las secuelas de consumo se mantienen en el tiempo a pesar de haberse superado la adicción. Se define como el conjunto de reacciones físicas y psicológicas que surgen después de que una persona reduzca o deje de consumir una sustancia de la que ha estado abusando durante mucho tiempo. Es la suspensión brusca o disminución en forma significativa después de un periodo largo de ingestión. No hay tiempo fijo, pero en algunos casos pueden durar hasta semanas.

Debemos familiarizarnos con sus etapas y es la única forma en que podemos hacer algo positivo por el paciente: desintoxicación, deshabituación, rehabilitación y reinserción. Todas son difíciles, pero la parte más compleja es cuando el paciente decide dejar la adicción. Tiene múltiples tentaciones y un grupo de personas cercanas que lo empujan a la recurrencia. La fase de desintoxicación, limpiar el organismo, puede durar entre 7 y 21 días. Está sujeto al tipo de sustancia, la gravedad de la dependencia y cómo responde el individuo. Es la afirmación de que la persona tiene un problema y ojalá en forma voluntaria quiera resolverlo. Ansiedad, angustia, irritabilidad e insomnio son sus manifestaciones. La negación del efecto terapéutico de lo que se está dando es una de las manifestaciones más frecuentes; no se cree en el efecto beneficioso de las medicinas.

Se aconseja que la fase de deshabituación se haga en lo posible en centros de ingresos hospitalarios. Es la pérdida progresiva de un hábito o costumbre y busca consolidar la abstinencia más allá de lo psicológico, enseñar nuevos patrones de vida saludable, terapias grupales, deporte y realización-consecución de metas de corto plazo. Bienestar y normas de vida saludables son las metas.

La rehabilitación es aprender a vivir. Debe vencer la compulsión hacia las sustancias tóxicas y poner en práctica los patrones saludables en su vida cotidiana. Los médicos y todo el grupo de terapeutas debemos aceptar que cada historia de adicción es única y nuestro esfuerzo debe dirigirse a descubrirla. El adicto no puede abandonar las terapias individuales o de grupo e incorporar en su vida los nuevos patrones de conducta. Quizá la reinserción se define como volver a caminar y retomar la vida social de antes. La adicción está siempre vigilando y el día menos pensado vuelve a atacar. Se habla de periodos largos y muchos autores la consideran vigente hasta los dos años. El cerebro tiene grabados patrones neuronales que pueden recoger viejas formas de huir por medio del consumo.

Los síntomas de la abstinencia son múltiples: fatiga, ansiedad, somnolencia, agitación, paranoia y carencia de sentir placer por algo. Dicen que el alcohol puede ser el más frecuente y el cuadro clínico, delirium tremens, tiene alta posibilidad de complicaciones que incluso pueden ser mortales. Hoy se juega con la marihuana y se minimizan sus efectos. Qué equivocados están los pacientes, pues esta abre muchos compartimentos que después no tienen reversibilidad. Los hipnóticos, frecuentes y peligrosos, también lo desencadenan. Quizás hoy la cocaína encabeza esta lista.

Quitar la alegría de la vida y de su familia es lo que produce la abstinencia. Son hábitos y actitudes negativas. A veces creen que tienen razón en todo o quizás en muchas ocasiones son la víctima. Son impacientes o impulsivos. Dudan y se les dificultan las decisiones. Viven aburridos y cuando se les plantea un comportamiento responsable deambulan sin seriedad a lo que se les ha insinuado. Niegan todo y cuesta decirlo: no creen la morbi-mortalidad de estas manifestaciones clínicas. De nuevo, el delirium tremens, ha enterrado a muchos enfermos. Negar la atención médica es vivir solos y sin asistencia, la fórmula de perdurar.

Fuente: El Heraldo


Dr. Remberto Burgos de la Espriella

El Académico Dr. Remberto Burgos es médico neurocirujano, miembro de la Academia Nacional de Medicina. Miembro Honorario de la Academia de Cartagena. Presidente honorario de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía. Expresidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía.

Especialista en Gobierno y Asuntos Públicos

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