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Por Fernando Ruiz Gómez
Los profesionales de la salud cada vez más tenemos el estímulo de involucrarnos en las redes sociales, y las tentaciones son muchas. Estas permiten pasar del consultorio a la sociedad; extender la medicina más allá de las paredes que circunscriben el acto médico; generar impacto en una comunidad llena de preguntas sobre su salud; y orientar en un entorno donde abundan la especulación, las fake news e incluso la superchería.
Sin embargo, los riesgos de hacerlo sin un adecuado alfabetismo digital involucran riesgos profundos en su manejo. Durante los últimos dos años, me he visto obligado a interponer dos denuncias por calumnia contra profesionales de la salud que han pasado de la opinión a la difamación. Es una línea que parece muy delgada, pero que puede afectar severamente la reputación de los profesionales cuando se hacen aseveraciones sin evidencia alguna. Eso parece increíble —desde la formación científica que tenemos los médicos—, pero cuando se mezclan posiciones políticas, la calentura envenena la cordura.
De acuerdo con un informe reciente de la Federación Española de Ciencia y Tecnología, el 51 % de los científicos que han publicado contenidos de ciencia en las redes sociales ha sufrido ataques allí mismo. La red X es la principal vía de agresión donde las mujeres científicas suelen ser más atacadas que los hombres en la mayoría de los casos (57 % vs. 46 %).
Según la misma fuente, solamente el 14 % de los médicos que sufrieron ataques en redes sociales percibió tener apoyo de las instituciones en las cuales trabajan. El 22% presentó situaciones de alta ansiedad, debido a las agresiones, y cerca del 20% tuvo alguna sensación de inseguridad personal ocasionada por la intensidad de estas.
Sin embargo, los mayores riesgos de la interacción en las redes sociales están relacionados con los mismos objetivos buscados al involucrarse desde el trabajo científico. La reputación personal es la moneda de transacción en la interacción en redes sociales e, históricamente, ha sido el mayor activo de los profesionales de la salud. De las diversas profesiones, el riesgo reputacional de los médicos es probablemente el más alto. Una información falsa que afecte la reputación de un galeno puede tener un impacto viral antes de poder revertirse. En muchas ocasiones, las aclaraciones tienen un menor impacto que las informaciones calumniosas, falsas o difamatorias.
Es un problema especial para los médicos porque es muy difícil escindir las posiciones expresadas desde la persona de las que provienen del médico tratante y de la organización a la cual pertenece. Las arremetidas a los profesionales de la medicina pueden iniciarse por sus posiciones personales, pero rápidamente se extienden al escenario profesional y a las organizaciones en las que laboran.
Estos inminentes riesgos abren un nuevo campo en la educación médica. Las facultades de ciencias de la salud deben incluir la generación de capacidades para los médicos en las áreas de protección de datos personales y sensibles, ética digital y manejo de crisis comunicacional y reputacional. Este debería ser un campo de capacitación continua para las sociedades científicas, y convendría que fuera un área de discusión y análisis en los congresos científicos.
En el mundo actual, guiado por las redes sociales y la inteligencia artificial generativa, ya no basta con tener el conocimiento científico; se requieren herramientas para su comunicación y la preservación de la integridad personal y profesional de los involucrados.
Fuente: SEMANA

Médico egresado de la Universidad Javeriana y doctor en salud pública del Instituto Nacional de Salud Pública de México.
Ex-ministro de Salud y Protección Social. Miembro Honorario de la Academia Nacional de Medicina.
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