Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

Nuestras redes

SEDE: Cra. 7ª # 69-11. Bogotá, Colombia

VIDEOS
VIDEOS

Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

Nuestras redes
VIDEOS

Visitas: 28

El Dr. Carlos Palacios, psiquiatra, con maestría en etología canina, ha profundizado recientemente en la antrozoología, que ha surgido en los últimos años como una disciplina fascinante que estudia la relación entre humanos y animales de compañía. Cada vez más familias integran a perros o gatos en su núcleo cotidiano, y estos vínculos han despertado el interés de investigadores que buscan comprender cómo los animales llegan a formar parte del sistema familiar y de sus dinámicas emocionales.

El Dr. Palacios explica que la relación entre perros y humanos se dio hace unos 30.000 años. En medio de los glaciares, algunos lobos grises comenzaron a rondar los campamentos humanos buscando restos de comida. Eran tiempos nómadas, y entre aquellos lobos, los de carácter más dócil y los cachorros lograron acercarse al hombre. Con el tiempo, estas interacciones dieron origen a mutaciones que transformaron al lobo en lo que hoy conocemos como perro, el animal más estudiado cercano al ser humano.

Este proceso de domesticación, que hoy se considera en su tercera fase, modificó su dentadura, su tamaño, su temperamento y su capacidad para adaptarse a un entorno que no le era propio. No fue el hombre quien hizo el mayor esfuerzo, sino el perro: para convivir, aprendió a ser leal, noble y sumiso, cualidades que facilitaron el vínculo con nosotros y cimentaron una verdadera coevolución.

La ciencia moderna ha revelado la profundidad de este lazo. Tanto humanos como perros liberan oxitocina —la hormona asociada al apego— cuando interactúan, reduciendo además los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Pasear con un perro no solo estructura la rutina diaria, sino que abre puertas al contacto social y fomenta la responsabilidad, especialmente en niños y adultos mayores.

Los beneficios son claros: presión arterial y frecuencia cardíaca más bajas, menos ansiedad, mejor estado de ánimo e incluso menor necesidad de medicación. En niños con autismo o déficit cognitivo, y en adultos mayores con depresión leve, la presencia de un perro puede transformar rutinas y mejorar síntomas. Media hora de caminata diaria, motivada por la mascota, puede hacer una diferencia tangible.

Pero no todo es positivo. Este vínculo puede volverse excesivo y generar dependencias emocionales disfuncionales. La corta vida del perro, de apenas 10 a 15 años, expone al tutor a duelos difíciles. Además, mantenerlo con responsabilidad implica costos económicos y un compromiso real. No todas las razas ni todos los perros sirven para tareas de apoyo o terapia, y elegir mal puede generar más problemas que beneficios.

De hecho, hay confusión entre conceptos: no es lo mismo el apoyo emocional espontáneo que brindan los perros que las actividades asistidas con animales o las intervenciones terapéuticas formales. Estas últimas requieren entrenamiento especializado y una selección cuidadosa, pues ciertas razas son reactivas, ladran demasiado o tienen características poco adecuadas para un propósito determinado.

El perro como animal de compañía puede ser un auténtico apoyo emocional. Sin embargo, no reemplaza los vínculos humanos y es importante entender eso porque, si bien ofrece afecto y compañía, la interacción social humana con otros individuos es fundamental para el desarrollo y bienestar de las personas.

::::::::::::::::

Intervención del Dr. Palacios en el marco del Foro Soledad y Salud Mental

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

Loading

0 0 votes
Article Rating
Share This