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Por Remberto Burgos
La adolescencia es un periodo vital de crecimiento que se sitúa entre los 10 y los 19 años. La Sociedad Americana de Salud y Medicina de la Adolescencia lo acepta hasta los 21 años y puede dividirse en temprana (10-13 años), media (14-17 años) y tardía (18-21 años). Hay profundos cambios desde el área biológica y psicosociológica que implican desarrollo físico y sexual. Se consolida la personalidad, identidad y orientación sexual; se regulan los impulsos. Se intenta normalizar las relaciones con la familia y los amigos, se desarrolla la cognición y la moralidad. En otras palabras, se estructura la personalidad. Esta se desarrolla desde la infancia y en la adolescencia sus rasgos comienzan a ser más persistentes e influyen de una manera importante en la vida adulta. Es la transición de la infancia hacia la adultez, en donde los cambios biológicos y sociales se hacen evidentes. Las características son claras: búsqueda de la identidad y autonomía, influencia en el grupo de pares y alcanzar la libertad.
Hay consideraciones especiales que debemos tener en cuenta: gran vulnerabilidad, respeto y la mezcla de educación y comunicación son aristas claves. La personalidad se desarrolla desde la infancia y sus características se hacen muy evidentes desde la adolescencia; estas pueden persistir hasta la edad adulta.
En este periodo se hacen evidentes los trastornos de personalidad: paranoide, esquizoide, antisocial e histriónica. Hay rasgos obsesivos compulsivos y complejos narcisistas. La familia y el entorno son factores que incrementan los trastornos de personalidad, pero pueden ser también un factor protector como agente facilitador del cambio. Deben lograr que el adolescente se sienta comprendido y adoptar una actitud donde se escuchen sus sentimientos. Expertos aconsejan no negar siempre la presencia de estas emociones.
En el sistema penal colombiano, el menor que cometa una tragedia como esta se encuentra inimputable. Hoy día, un delito de esta magnitud lo sacan del sistema penal ordinario y lo juzgan para una jurisprudencia especial. Es función hoy del Sistema de Responsabilidad Penal Para Adolescentes. Estos expertos reconocen las influencias del sistema endocrino y saben de la inmadurez del lóbulo frontal y cómo participan en las decisiones de estas conductas dolosas, considerando siempre que la madurez cerebral se alcanza solo hasta los 25 años. Se debe profundizar y conocer la historia del adolescente: cómo fue su embarazo, las condiciones del parto y su desarrollo psicomotor. Sus padres le acompañaron en la infancia y el grado de medidas de corrección durante el desarrollo.
Entender los aspectos psicológicos de su carácter y cómo se estructuró su personalidad. Qué vio, a quién imitó y cuáles fueron sus enseñanzas durante este periodo son esenciales.
La tristeza nos acompaña y el dolor de ver un candidato joven sumergido en este drama. Colombia necesita reflexionar sobre su futuro y encontrar el modelo para que nuestros adolescentes se desarrollen apropiadamente. Fomentar el apego y la empatía es tarea primordial, en donde el respeto construya las normas de moralidad. Los escenarios de enseñanza con aulas de corrección para aquellos desviados son importantes. El ejemplo, sostenido, es la mejor dirección para estos adolescentes. Diariamente se cometen 85 delitos por adolescentes en Colombia. Una justicia benévola y elástica, en razón de la edad, no es aceptable: induce al delito. La violencia crece bajo esta impunidad.
Entre los aspectos —no tengo la menor duda— está la sanción que merecen estos muchachos. Quien se porta mal o comete un delito, hay que aprenderlo y sancionarlo. De una forma ejemplar, que sienta que tiene una responsabilidad, la cual debe pagar. No es válido pasar por alto estos ilícitos y mucho menos permitir que, sin condenar, disfruten de la libertad. Debe aprender que la sociedad y comunidad se respeta. La vida es el bien y joya más grande que debemos mantener; es un tesoro. Entregar los compendios para su desarrollo integral es nuestro deber y permitir que estén los elementos para que el individuo lo alcance.
Fuente: El Heraldo

El Académico Dr. Remberto Burgos es médico neurocirujano, miembro de la Academia Nacional de Medicina. Miembro Honorario de la Academia de Cartagena. Presidente honorario de la Federación Latinoamericana de Neurocirugía. Expresidente de la Asociación Colombiana de Neurocirugía.
Especialista en Gobierno y Asuntos Públicos
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