En su columna para el periódico La Opinión de Norte de Santander, el Académico Carlos Corredor Pereira habla de los avances en la búsqueda de frenar el envejecimiento y las dificultades que afrontan las compañías encargadas de la investigación.

 

Por Carlos Corredor Pereira.

Uno de los anhelos colectivos de la humanidad ha sido el de vivir eternamente. Ya en Heródoto se encuentra referencia a una fuente de agua en Etiopía en la que las personas que se bañaban en ella, gozaban de piel lozana y joven y su vida media era de 120 años.

Quienes fueron a las Cruzadas volvieron a sus países con historias de fuentes que restañaban las heridas y devolvían el vigor juvenil.  Pero fue particularmente en las islas del Caribe en donde estaba muy difundida esta creencia que llegó a oídos de Ponce de León, cuando fue gobernador de Puerto Rico y que pudo haber influido en su expedición a lo que hoy es el Estado de la Florida y su incorporación al Imperio Español.

Alvar Núñez Cabeza de Vaca prosiguió la búsqueda y en ese empeño conquistó para España lo que hoy es el sur de los Estados Unidos hasta California. Los nativos creían que la fuente de la juventud estaba en unas islas llamadas Bimini hacia donde se habían dirigido jefes indígenas con toda su tribu para vivir por siempre.

Hasta el momento vivir para siempre sigue siendo un anhelo. Ya está comprobado que un factor importante en el envejecimiento es el acortamiento periódico de los genes, pero científicos israelíes han podido retardarlo, sometiendo a pacientes a presiones altas de oxígeno en cámaras hiperbáricas.  Y se ha demostrado que la adición de un grupo químico, que llamamos metilo, a los bloques que conforman el ADN controla el proceso. Nuestros conocimientos actuales nos permiten decir que nuestra expectativa natural de vida es de 120 años, como los etíopes de Heródoto.

Hace poco nos recordó Nature que en 2012 Shinya Yamanaka compartió el Premio Nobel por su descubrimiento de los cuatro “factores de Yamanaka”. Estos son capaces de reprogramar una célula adulta, de hígado, músculo o piel, para que se convierta en una célula pluripotencial, es decir, una de las que conocemos popularmente como células madre. Nature sugiere que es este conocimiento lo que permitió que se iniciara el movimiento antienvejecimiento, la creación de una serie de empresas empeñadas en lograrlo.

Así, el pasado 18 de enero, Rick Klausner y Hans Bishop anunciaron la creación del Laboratorio Altos con una financiación inicial de tres mil millones de dólares con la participación de Yuri Milner, inversionista en proyectos tecnológicos y Jeff Bezos, fundador de Amazon, con el objeto de encontrar procesos tecnológicos que suspendan y aún, reviertan el envejecimiento celular. Y ya en diciembre, Brian Armstrong, de la compañía de criptomonedas Coinbase y Blake Byers, inversionista en capital de riesgo, habían fundado NewLimit para estudiar cómo controlar tecnológicamente el envejecimiento, con un capital inicial de ciento cinco millones de dólares y la consultoría de Alex Marson, de la Universidad de California y Mark Davis, de la de Stanford.

La pregunta es: ¿qué posibilidades de éxito tienen estas compañías en detener y revertir el envejecimiento? Para Alexander Meissner, del Instituto Max Planck de Genética Molecular, el problema se reduce a reprogramar los marcadores epigenéticos  (modificaciones químicas del genoma) que determinan qué genes se prenden y cuáles se apagan en diferentes momentos de la vida celular.  En términos simples, cómo son y cómo se comportan nuestras células está determinado por el DNA del núcleo, que llamamos genoma, que tiene la clave para la producción de las proteínas que determinan cómo es la célula en un momento dado. Si podemos reprogramar el genoma para que no exprese proteínas que lleven al envejecimiento, se lograría el propósito.

Pero las dificultades que afrontan estas compañías son muy grandes. Hasta ahora, los avances se han hecho en ratones de laboratorio o en células en cultivo. Sin embargo, el solo hecho de la creación y financiamiento de estos laboratorios da una esperanza de que eventualmente se lograría el éxito.

Vivir para siempre puede ser bendición o maldición para la humanidad. El resultado dependerá de ella.

El artículo original y otras columnas del Dr. Corredor pueden verse en:

https://www.laopinion.com.co/columnista/carlos-corredor-pereira

 


Dr. Carlos Corredor Pereira

 

El Dr. Carlos Corredor Pereira es  Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de Medicina. Vicerrector de la Sede Cúcuta, de la Universidad Simón Bolívar. Químico con máster en Ciencias de la Bioquímica Médica. Ph.D. en Bioquímica. Columnista del periódico La Opinión

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

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