Por Fernando Sánchez Torres
El año pasado estuvo en Bogotá el psiquiatra norteamericano Michael Myers, profesor de la Universidad de Columbia y autor de un libro que ha causado impacto en el ámbito médico: Por qué los médicos se suicidan (2022). En la entrevista que concedió a El Tiempo (sección Salud, 4 de noviembre) manifestó que “los profesionales de la salud deben sentirse cómodos hablando sobre la salud mental y ser vulnerables”. Y más adelante: “La vulnerabilidad nos recuerda que somos humanos y hablar de lo que nos pasa puede ser un acto de fortaleza”.
Pues bien, el 16 de octubre, días antes de conocer estas recomendaciones, la Academia Nacional de Medicina había llevado a cabo una sesión destinada a ventilar el tema ‘La salud mental en los médicos’. Los ponentes fueron los académicos Rodrigo Muñoz Tamayo, Franklin Escobar Córdoba y Álvaro Franco Zuluaga. Teniendo en cuenta lo expresado por el profesor Myers, dicha sesión de la Academia fue un acto de fortaleza de sus directivas y de sus miembros. Quienes asistimos nos sentimos cómodos escuchando de los expertos la realidad de un asunto que ha venido siendo un tabú, que hemos venido dejando pasar de largo, sin afrontarlo: los problemas de salud mental en los médicos.
Ser médico es un estatus muy especial, distinto al de cualquier otro profesional. Considerarlo un privilegio sería inexacto. Lo que es cierto es que, por la índole de la misión que estamos obligados a cumplir, se nos mira con respeto, aunque no siempre se nos trata con consideración. Alguna vez el médico español Luis Fernando Álvarez dejó registradas dos frases que parecieran contradictorias: “Realmente es una suerte ser médico, porque en la vida no hay nada como sentir cada minuto una pasión distinta”, dice una. La otra: “No hay profesión en el mundo más desgarradoramente cruel e ingrata que la del médico”. Contradictorias o no, ambas permiten entender por qué el ejercicio de la medicina puede afectar mentalmente la salud de los médicos. Pocas profesiones son tan atosigantes como la médica.
Recordando lo expuesto en la mencionada sesión de la Academia de Medicina, los expertos dijeron que los médicos vivimos en estado de angustia existencial al vernos inducidos a reflexionar sobre el sentido de la vida, de la muerte, de tanta enfermedad cruel, del sufrimiento de nuestros pacientes, de nuestra responsabilidad ética, advirtiendo que el grado de angustia depende del grado de responsabilidad con que asumamos nuestro desempeño. Esa angustia conduce a trastornos de ansiedad, como pánico, fobias, intentos de suicidio y suicidio consumado. Se consideró que la forma de superar esa angustia es aprendiendo a vivir con ella, aceptándola como algo inherente a la profesión.
Entre nosotros, el entorno de trabajo de muchos médicos en su hospital no es, en general, favorable para la salud mental. Como producto del desbarajuste del sistema de salud, en la actualidad muchos centros asistenciales se hallan en condiciones de funcionamiento deplorables, a tal punto que es una locura dirigirlos o atender pacientes en ellos. Se ha identificado que el 29 % del personal que trabaja en los hospitales padece depresión; el 24 %, ansiedad; el 16 %, estrés, y el 33 % son víctimas del llamado síndrome de burnout, caracterizado por agotamiento físico y mental, y considerado por la Organización Mundial de la Salud como una enfermedad profesional. Explicable, pues la carga de trabajo es agobiante, la falta de recursos –como medicamentos y material quirúrgico– y la posibilidad de demanda médico-legal por mala práctica son causas todas de angustia.
Algunos médicos se consideran incompetentes para hacer bien su trabajo en circunstancias tan desfavorables, lo que es como un estigma que los agobia. Dormir bien no es una constante. El estrés produce cambios fisiológicos del sueño, reduce la capacidad de concentración y lleva a la ansiedad y la depresión. No hay dato cierto de la frecuencia de suicidio entre los médicos, pero su frecuencia es mayor de lo que se piensa, sobre todo por practicarse a veces sin dejar huella. Entre quienes se hallan en las etapas iniciales de formación profesional, su ocurrencia no es rara.
Fuente: El Tiempo

El Académico Dr. Fernando Sánchez Torres es doctor en medicina y cirugía, con especialización en ginecobstetricia.
Ha sido rector de la Universidad Nacional de Colombia, Presidente de la Academia Nacional de Medicina y presidente del Tribunal Nacional de Ética Médica.
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