“La vida sigue y ahí está” es el título de un artículo escrito por un filósofo, que fue publicado en un periódico regional, y en estos días en los que preparar y dictar las clases virtuales de las universidades, leer la mitad de los mil mensajes que llegan por todos los medios y asistir a reuniones virtuales ocupa buena parte de nuestro tiempo, es imposible no dedicar unos minutos a la reflexión. Leyendo el título del ensayo de este filósofo, no se pude dejar de pensar que, aunque se pregona que todo cambia y cambiará, hay algunas cosas que jamás -en la reflexión más optimista- parecieran que van a cambiar.

Las mil noticias de los noticieros muestran una realidad descarnadamente inamovible: las mentiras de algunos gobernantes, sus contradicciones, su cínica manera de actuar frente a sus promesas, la indolencia ante el sufrimiento de sus gobernados, la arrogancia en su actuar y su desmedida ambición, etc. Es en ese momento que recuerdo las palabras de nuestros abuelos y las siento tan oportunas en esta realidad incambiable; sea coherente mijo -nos decían- la coherencia entre pensar, sentir y comportarnos fomenta la autoestima, nos hace auténticos y genera una influencia saludable hacia los demás; si lo logras, entonces generarás en los demás confianza, porque la transparencia inspira confianza y cuando alguien deposita la confianza en otro, le está confiriendo autoridad; si logras esto y conservas la humildad, recuerda que como decía Hemingway: el secreto de la sabiduría del poder y del conocimiento es la humildad.

Si logras entender que tienes límites, podrás acceder al cambio y mejorar tus posibilidades. Nunca olvides que aceptar no implica compartir el criterio del otro, pero sí el reconocimiento de que existe la diferencia en relación con nuestra valoración personal y te permitirá ampliar tu foco de visión, dando flexibilidad a tu conducta y mejorando tu personalidad. Es entonces cuando aceptes las diferencias interpersonales que entenderás el concepto de la tolerancia, aceptarás entonces tus errores, entenderás que puedes equivocarte y podrás con paciencia hacer algo diferente para rectificar. Y lo más importante, podrás aceptar que no todo lo que sucede depende de uno mismo, de sus creencias o de su influencia.

Por último, no olvides mantenerte firme en tus propósitos, actuando acorde a tus creencias, a los valores éticos aprendidos en el hogar. A pesar de los inconvenientes que puedan surgir en el proceso, el valor de la constancia acompaña la resiliencia personal, la capacidad de afrontar dificultades e incluso salir reforzado de ellas. La perseverancia refuerza caminos neuronales de capacidad. Y no te olvides nunca que ser constante; tener fortaleza no se opone a ser flexibles y permeables al cambio.

¡Cómo extraño a los abuelos, y cómo me gustaría que muchos de nuestros gobernantes hubieran oído y puesto en práctica sus consejos! Por ahora la vida sigue y ahí está.

Academia Nacional de Medicina

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Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.