Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Fotografía: (Imagen representación de Peseshet)

Cátedra de Humanismo Médico, iniciativa creada por la Academia Nacional de Medicina y promovida por la Asociación Colombiana de Facultades de Medicina- ASCOFAME. Conferencia de la Dra. Diana Patricia Díaz Hernández, médica cirujana de la Universidad de Antioquia, PhD. en humanidades de la Universidad EAFIT, profesora titular en la Universidad de Antioquia, miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina y miembro de número de la Academia de Medicina de Medellín.

Desde hace varios años, la doctora Díaz emprendió una profunda investigación sobre las mujeres sanadoras a lo largo de la historia. Su interés radica en comprender cómo, desde diferentes contextos culturales y sociales, estas mujeres lograron ejercer su vocación a pesar de las múltiples prohibiciones que enfrentaron. Lejos de establecer jerarquías entre ellas —ya fueran parteras, médicas, curanderas, matronas, machis o cirujanas—, resalta el valor de cada una según su época, destacando cómo su fuerza interior logró prevalecer incluso en los periodos más oscuros de la exclusión histórica.

Con el tiempo, ha ido ampliando su base de datos de mujeres sanadoras: hace dos años registraba 291 hasta el siglo XIX; pero hoy, esa cifra ha crecido a 383. Un esfuerzo continuo por visibilizar a estas figuras, muchas veces invisibles para la historia oficial. Y quedan muchas por descubrir, según sus palabras, mujeres que ejercieron en rincones remotos y que fueron fundamentales para el cuidado de la salud en sus comunidades.

El trabajo de identificación de estas sanadoras ha sido riguroso y variado. Algunas lograron ejercer gracias a privilegios como la pertenencia a familias aristocráticas o médicas; otras, en cambio, se abrieron camino con recursos más escasos, aprovechando su ingreso a conventos, el apoyo de autoridades locales o mediante el aprendizaje autodidacta. A pesar de la persecución, la censura y hasta la discriminación por ser consideradas brujas, muchas resistieron y crearon espacios propios, donde pudieron cultivar y compartir sus conocimientos.

A veces los indicios de su existencia son mínimos: una inscripción en piedra, una mención en un texto antiguo, una autobiografía olvidada. En algunos casos, se duda de su existencia real, pues la información proviene de textos de difícil verificación. Aun así, las huellas de su paso por el mundo médico siguen apareciendo en manuscritos, testimonios de pacientes nobles o registros académicos incipientes. Varias lograron incluso dejar obras escritas, que hoy podemos consultar como evidencia de su práctica y pensamiento.

Particular atención por parte de la doctora Díaz, merecieron las sanadoras de Oriente, especialmente las de China. En su contexto, el tiempo se medía de manera distinta, siguiendo el ciclo de las dinastías, desde la primera registrada, la Dinastía Xia (2070-1600 a.C.) hasta la Dinastía Qing (1644-1912 d.C). La historia de estas mujeres en China refleja muchos paralelismos con Occidente: la división de clases en el acceso a la medicina, la marginación de las parteras, y la persecución a aquellas consideradas “brujas”.

Aunque la educación médica formal para las mujeres no existía en estos periodos, muchas aprendieron de familiares o trabajaron como sanadoras itinerantes. Tan Yunxian, quien vivió entre 1461 y 1554, es un ejemplo destacado de la dinastía Ming: aprendió de su abuela, trató inicialmente a su propia familia, luego a mujeres que no querían ver a médicos hombres. Dejó como legado un libro con 31 casos clínicos, el primero escrito por una mujer en China.

En Europa y África, el rastro de las sanadoras es aún más difícil de encontrar. Algunas, como Julia Saturnina, que es recordada a través de su esposo Casio Filipo y se presume era partera. Otras, como Metrodora, dejaron textos fundamentales sobre la medicina femenina. Vivió entre (200-400) y fue una médica griega autora del texto médico más antiguo conocido escrito por una mujer.

En la búsqueda, se destacan nombres como Elefantis, Lais de Atenas, Olimpia de Tebas, Salpe y Sotira, mujeres mencionadas por Plinio el Viejo, quien recogió en su obra Historia Natural tratamientos, creencias y prácticas atribuidas a estas sanadoras. Plinio también dejó constancia de la percepción cultural de su época sobre el poder femenino, particularmente relacionado con la menstruación, mezclando observaciones que hoy parecen insólitas, relacionadas con su influencia en el clima, las cosechas e incluso el tratamiento de enfermedades.

En sus escritos, Plinio menciona que Sotira por ejemplo, recomendaba el uso del flujo menstrual como tratamiento para ciertas fiebres, mientras que Olimpia de Tebas sugería remedios con ingredientes como grasa de serpiente o hiel de ternera para tratar la esterilidad. Salpe, por su parte, atribuía propiedades curativas a la saliva humana, prácticas que hoy pueden parecer extrañas pero que entonces formaban parte de creencias extendidas.

En el Egipto Antiguo, dos figuras femeninas han captado la atención de estudiosos de la medicina antigua: Merit Ptah y Peseshet. A Merit Ptah se la ha identificado como una médica, que se presume vivió en el 2700 a.C,  y es mencionada en múltiples publicaciones como la primera mujer médica de la historia.

Peseshet, por su parte, vivió durante la Dinastía IV egipcia alrededor del año 2.500 a.C. Es probable que se hubiese graduado como matrona​ en la antigua escuela médica de Sais, por lo que su trabajo se relaciona con la partería.

Sus nombres aparecen en múltiples libros y artículos. Merit Ptah, fue mencionada por primera vez por la médica e historiadora Kate Campbell Hurd-Mead, aunque sin una fuente directa. A lo largo del tiempo, su historia se fue expandiendo y citando en contextos académicos y culturales como ejemplo de la contribución femenina a la ciencia. Sin embargo, investigaciones recientes han revelado que no hay evidencia arqueológica ni documental sólida que confirme su existencia como médica en el Egipto antiguo. Si hay registro de una Merit Ptah pero corresponde a la esposa del visir Ramose, de la Dinastía XVIII del Imperio Nuevo y no era médica.

En contraste, Peseshet sí cuenta con pruebas más confiables de su existencia y rol médico. Su nombre aparece inscrito en la mastaba (estructura utilizada como tumba en el antiguo Egipto) de Ajethetep en Guiza, con el título de “supervisora de los médicos“.

Entonces, fue realmente Peseshet la primera mujer médica de la historia?

Por ahora, Peseshet pasó a ocupar el lugar de Merit Ptah, que aunque a la luz de las investigaciones modernas perdió su rol, seguirá siendo una figura simbólica que representa la presencia de la mujer en la medicina a lo largo de la historia.

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Presentación en: 

MUJERES SANADORAS. EL NACIMIENTO DE UNA LEYENDA SOBRE LAS MÉDICAS EN EL EGIPTO ANTIGUO

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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