Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Imagen: “Malaria” Autor: Sartorio, Giulio Aristide

Ingreso del Dr. Julio César Padilla Rodríguez a la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Médico cirujano de la Universidad Libre de Barranquilla, especialista en Salud Pública y Epidemiología, con experiencia en malaria, dengue, medicina tropical y enfermedades infecciosas.

Paleogénesis de la malaria en el contexto regional e hitos en la evolución epidemiológica a través de las etapas históricas en Colombia.

La malaria es una de las enfermedades más antiguas que coevolucionaron con la humanidad y ha sido una constante en la historia de la salud pública. Un desafío de siglos que sigue vigente en muchas partes del mundo, especialmente en zonas tropicales.

En la actualidad, la mayoría de las infecciones se concentran en África, más del 90% de los casos registrados. En América, los casos son menos frecuentes, pero en países como Colombia, la enfermedad sigue siendo una amenaza significativa en varias regiones del país.

Se cree que el inicio de lo que hoy conocemos como malaria se dio hace cerca de 150 millones de años durante el período jurásico.  Los parásitos de la malaria se originaron a partir de una forma ancestral de vida libre que vivía en el intestino de algunos mamíferos. Adquirieron la capacidad de usar la circulación portal hasta el hígado y allí completaban su ciclo de vida. Con la aparición de los vectores y los primates, que eventualmente evolucionaron para dar origen a los homínidos, fue en el Pleistoceno inferior que los humanos se convirtieron en una parte esencial de la cadena de transmisión.

En sus primeras etapas, las sociedades humanas eran cazadoras-recolectoras, lo que significaba una exposición limitada y dispersa al parásito. Sin embargo, con la Revolución Neolítica y la aparición de la agricultura, las poblaciones se hicieron más sedentarias, lo que creó un entorno ideal para el crecimiento de los mosquitos que encontraron más fuentes de sangre, generando una transmisión más estable y persistente.

Con el tiempo, los humanos desarrollaron ciertos mecanismos de protección para defenderse de la enfermedad. La transmisión de la malaria experimentó cambios con la aparición de nuevas especies del parásito, como Plasmodium falciparum, lo que alteró los patrones de infección. Este proceso evolucionó, especialmente en África, donde la agricultura permitió la expansión de la malaria hacia otros continentes, Asia y Europa, durante la migración humana y la exploración.

Evidencias de diversos tipos: históricas, lingüísticas, arqueológicas, etnobotánicas y de  biología molecular han ayudado a reconstruir la historia de la malaria en América. Se han encontrado rastros de la enfermedad en momias peruanas, chilenas y en restos óseos. También, evidencias directas e indirectas en  los grupos taínos de Puerto Rico, lo que sugiere que la malaria estuvo presente en América antes de la llegada de los europeos. Sin embargo, fue con la llegada de los colonizadores y los esclavos africanos cuando el Plasmodium falciparum y otras cepas como P. vivax se establecieron a través de múltiples vías y momentos, aunque se desconocen sus orígenes específicos. Las rutas de colonización, la explotación minera y el comercio de esclavos fueron factores clave en la expansión de la malaria en América. En Colombia, la minería y la explotación de recursos naturales en áreas tropicales facilitaron la propagación de la enfermedad que persiste hasta el día de hoy.

En la segunda mitad del siglo XIX, Colombia vivió una emergencia por malaria, relacionada con la explotación económica de áreas clave como el río Magdalena. Durante esta época, las epidemias no solo fueron de malaria, sino también de fiebre amarilla y otras enfermedades febriles tropicales. Además, Panamá, que todavía formaba parte de Colombia, vivió dos eventos significativos: la construcción del ferrocarril de Panamá y el inicio de la obra del canal, ambos con altos índices de mortalidad debido a la propagación de enfermedades, incluidas la malaria y la fiebre amarilla.

Al comenzar el siglo XX, entre 1900 y 1924, el país enfrentaba las secuelas de las guerras del siglo XIX y la reciente pérdida de Panamá. La situación económica era compleja, pero la actividad bananera en la costa atlántica representaba una fuente de empleo y migración. A nivel internacional, organismos como la OPS comenzaron a surgir y ayudar a combatir enfermedades tropicales. Colombia, por su parte, empezó a crear organismos nacionales de salud e implementar medidas de saneamiento, principalmente en puertos, donde la malaria y otras enfermedades se propagaban.

Durante el periodo de 1925 a 1949, la explotación de recursos como petróleo, minería, café y arroz generó una mayor movilización hacia zonas cálidas, donde la malaria prosperaba. A pesar de algunos intentos por controlar la enfermedad, como el apoyo de la Fundación Rockefeller en los años 30, la situación seguía siendo crítica. Fue en esta década que se crearon los primeros estudios epidemiológicos y entomológicos y se comenzó la implementación de medidas de control como el rociamiento de insecticidas en áreas específicas. A mediados de los 40, se formuló un primer plan de control, pero quedó incompleto por las limitaciones en el presupuesto. Entre 1937 y 1949 se empezó a recopilar información sobre morbilidad y mortalidad por malaria en Colombia.

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial y el apoyo de Estados Unidos en la lucha contra enfermedades tropicales, Colombia pudo organizar mejor sus esfuerzos sanitarios. En los años 50, el país se unió a la campaña internacional de erradicación de la malaria y en 1956 se crea el Servicio de Erradicación de la Malaria. El gobierno colombiano adoptó un plan minucioso para combatir la enfermedad. Esta campaña de erradicación que inició en 1958 logró reducir la incidencia de la malaria en más del 90%, especialmente en áreas clave, pero la falta de sostenibilidad y la concentración en zonas específicas cambiaron este patrón positivo.

Durante la década de 1980, la campaña de erradicación de la malaria llegó a su fin y se produjo un proceso de descentralización, con las secretarías de salud regionales tomando el control.

Con el nuevo milenio, Colombia comenzó a implementar el programa “Malaria Colombia” con recursos del Fondo Mundial, que buscaba mejorar el acceso al diagnóstico y tratamiento, así como la prevención de la malaria mediante la distribución de mosquiteros. A pesar de que el proyecto mostró resultados positivos, con una reducción de más del 60% de la morbilidad y casi un 80% de la mortalidad, los problemas de sostenibilidad hicieron que la mejora fuera temporal.

Surge la “Estrategia técnica mundial contra la malaria 2016-2030”, que, mediante 3 pilares: acceso universal a la prevención, diagnóstico y tratamiento; acelerar esfuerzos para lograr la eliminación y transformar la vigilancia en una intervención básica, pretende la sostenibilidad en el tiempo de la iniciativa.

A lo largo de más de un siglo, la malaria en Colombia ha sido un problema de salud pública complejo y dinámico, estrechamente vinculado a los procesos históricos, sociales y económicos del país. Aunque se han implementado numerosas medidas de control, la sostenibilidad y la efectividad de estas intervenciones han sido los mayores desafíos. Actualmente, hay 28 municipios en Colombia donde predomina el P. falciparum, pero en la mayoría, cerca de 500 municipios, predomina el P. vivax.

Como lecciones aprendidas, el Dr. Padilla señala que los modelos de intervención adoptados a menudo no tomaron en cuenta las características epidemiológicas específicas del país, dando como resultado una lucha constante contra la malaria sin lograr una solución duradera.

Destaca la importancia de adoptar enfoques más específicos e integrales, que no solo busquen soluciones técnicas, sino que también involucren a la comunidad y los actores locales en la resolución del problema, con el sector salud como líder natural. Las estrategias para la sostenibilidad de programas regulares deben tener énfasis en la promoción, prevención y control oportuno. La cooperación internacional debe ser más equitativa, adaptada a las necesidades locales, y debe tener un enfoque multidisciplinario. Las lecciones sobre sostenibilidad, responsabilidad social y la importancia de la investigación aplicada deben ser la base para las nuevas estrategias.

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Conferencia del Dr. Padilla en:

 PALEOGÉNESIS DE LA MALARIA, EVOLUCIÓN EPIDEMIOLÓGICA A TRAVÉS DE LAS ETAPAS HISTÓRICAS DE COLOMBIA

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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