El Scientific American del 17 de agosto informó que en el Instituto Clodomiro Picado de la Universidad de Costa Rica habían obtenido un suero polivalente contra el coronavirus aprovechando su experiencia por ser el mayor productor de suero antiofídico de Latinoamérica.

En un momento en que en Immunology reportan que pacientes que producen anticuerpos contra las proteínas de la espiga muy probablemente se recuperan, mientras que los que producen mayormente anticuerpos contra la cápside no lo hacen; parecería un anacronismo que estuviéramos hablando de producción de sueros polivalentes, cuando se pueden obtener anticuerpos monoclonales específicos por métodos biotecnológicos. No se trata de eso. Se trata de hacerse algunas preguntas acerca de nuestro nivel de respuesta.

Desde cuando el Estado adquirió el laboratorio de Samper y Martínez y lo convirtió en el Instituto Nacional de Salud (INS), se pretendió que éste emulara al Instituto Pasteur de París. En el Instituto Colombiano se produjeron vacunas para la viruela y otras enfermedades y en 1952 la primera vacuna colombiana contra la aftosa. Y aunque aún hoy continúa produciendo suero antiofídico, se hace en pequeña cantidad y no se prepara para atender las grandes emergencias, ni se produce un suero polivalente anti-COVID-19. El Instituto tiene como objetivo la investigación básica y aplicada, el desarrollo y gestión del conocimiento en salud, actuar como laboratorio general de referencia y coordinar la red de laboratorios del país y certificarlos.  Además, funge como un observatorio de las enfermedades en todo el país que hace una excelente síntesis semanal de nuestra patología. Y es esto por lo que más se le conoce. ¡Pero qué lejos estamos de siquiera pensar en volver a producir nuestras propias vacunas! Nos uniremos a la fase 3 de la prueba de la vacuna de Johnson & Johnson.

La Ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación decía en una reciente entrevista al diario El Tiempo que precisamente su labor a partir de la pandemia se había dedicado a abrir convocatorias, inclusive antes que otras naciones más desarrolladas, con el objeto de encontrar productos tecnológicos para afrontar la pandemia. Mencionó un primer resultado de la Universidad Nacional: una cámara plegable de bioseguridad para transporte terrestre y aéreo de pacientes y aislamiento para su tratamiento. Dijo que ya hay otros desarrollos que estarían próximos a presentarse por las universidades que participaron en la convocatoria.

Estar preparados es la clave para atender lo que algunos están comenzando a llamar una ‘twindendemia’, es decir, una doble epidemia, ya que hay un brote muy importante de influenza que está complicando en los Estados Unidos la gravísima COVID-19.  Existe la vacuna para la influenza y es hora de aplicárnosla en el país. Creo que es el momento en que todos debemos unirnos porque ni el coronavirus ni la influenza tienen color político ni preferencia de género ni se guían por protocolos establecidos.

Son simplemente virus con los que tendremos que convivir, como lo hemos hecho por milenios con otros no menos letales pero contra los cuales hemos logrado adquirir inmunidad natural o a través de vacunas.

Me gusta mucho la expresión del senador Iván Darío Agudelo, al recibir el pasado miércoles 19 de agosto el reconocimiento como Amigo de la Academia Colombiana de Ciencias: “se debe academizar la política”, única forma, añadiría yo, para que se acabe la práctica inveterada de politizar la ciencia y la investigación, que ha impedido que estemos preparados.

FUENTE, La Opinión, diario de Cúcuta, Autor: Académico Carlos Corredor Pereira. Vicerrector, Universidad Simòn Bolìvar, PhD en Bioquímica.

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Internista-Endocrinólogo. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina, Fellow del American College of Physicians y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo. Editor Emérito de la Revista MEDICINA. Editor de Noticias, portal de la Academia www.anmdecolombia.org.co