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Ingreso como Miembro Correspondiente del Dr. Giancarlo Buitrago Gutiérrez, médico cirujano y magíster en epidemiología clínica de la Universidad Nacional de Colombia, magíster y PhD en Economía de la Universidad de los Andes. Director científico de investigaciones de la Fundación Cardioinfantil.
La historia del trabajo del Dr. Buitrago nació de una inquietud profunda: entender cómo el conflicto armado en Colombia ha afectado la salud, no solo desde sus consecuencias evidentes, sino a partir de efectos mucho más sutiles y difíciles de medir, especialmente en poblaciones no combatientes. Si a esto le sumamos variables como la pobreza, el abandono estatal, las condiciones ambientales en lugares de conflicto armado, es aún más difícil determinar si los desenlaces adversos provienen directamente del conflicto o de estos determinantes sociales.
El conflicto armado colombiano, que se ha prolongado por más de siete décadas, ha dejado una huella profunda y desigual en el país. Enfrentamientos entre guerrillas como las FARC y el ELN, grupos paramilitares y las fuerzas estatales han mostrado que cada rincón del país ha vivido su propia versión del horror y casi ningún municipio ha salido ileso. El proceso de paz impulsado por el expresidente Juan Manuel Santos entre 2012 y 2016 generó algunos momentos de tregua, aunque breves, que se convirtieron en oportunidades únicas para investigar si una disminución súbita en el conflicto podría tener efectos tangibles sobre la salud. El cese al fuego definitivo fue declarado por las FARC el 20 de julio de 2015, una fecha simbólica para el país.
La hipótesis central planteada por el Dr. Buitrago y el Dr. Rodrigo Moreno-Serra, coautor del trabajo, fue ambiciosa: ¿podría esta interrupción de la violencia reducir el aborto espontáneo (< a 22 semanas), las muertes fetales (> a 22 semanas) y la muerte perinatal (entre 22 semanas y 7 días después del nacimiento), en mujeres embarazadas que vivían en zonas afectadas por el conflicto?
El trabajo se sustentó sobre una base de datos monumental: más de 3 millones de embarazos reconstruidos día a día entre el 1.° de enero de 2013 y el 31 de diciembre de 2017, gracias a los certificados de nacimiento y defunción proporcionados por el Ministerio de Salud, con información completa y exacta. Con esta información, se pudo calcular cuándo comenzaron los embarazos y cómo terminaron: si en partos vivos, muertes fetales o abortos espontáneos. Además, se vinculó esta información con los registros del Centro Nacional de Memoria Histórica, que documentaba los eventos de conflicto (ataques terroristas, acciones de guerra, ataques a la población, reclutamiento, masacres, violencia sexual, entre otros), por municipio durante ese mismo periodo.
Dividieron el país en categorías según la intensidad histórica del conflicto con las FARC, desde los municipios más afectados (percentil 90) hasta los que casi no tenían presencia de este grupo guerrillero. Esta clasificación permitió evaluar si el efecto del cese al fuego era más evidente en los lugares más violentos, una estrategia epidemiológica conocida como análisis de dosis-respuesta, que fortalece los argumentos de causalidad.
Para probarlo, utilizaron una herramienta metodológica poderosa: la regresión discontinua. Este enfoque aprovecha un “experimento natural” para comparar lo que ocurre justo antes y justo después de un evento, —en este caso, el cese al fuego— para comparar mujeres que iniciaron su embarazo justo antes y después del cese al fuego. La variable continua era la fecha de concepción, y el punto de corte de esta variable era la fecha de cese al fuego, el 20 de julio de 2015, para analizar con certeza si se producía un cambio real de eventos de conflicto en las zonas estudiadas.
El análisis reveló que en los municipios con alta presencia de las FARC, clasificados con percentiles 90 y 75, los eventos relacionados con el conflicto efectivamente disminuyeron tras el cese al fuego definitivo del 20 de julio, frente a otro tipo de eventos. Por el contrario, el cese al fuego decretado por el gobierno en agosto de 2016 no mostró una disminución significativa. Esto validó la idea de que el efecto observable no era generalizado ni simultáneo en todo el país, sino localizado y temporal, centrado en donde las FARC tenían presencia y poder de acción.
En esos mismos lugares, no se observó un cambio significativo en abortos espontáneos, que suelen estar más relacionados con factores preconcepcionales (edad de la madre, enfermedades crónicas, estado nutricional, consumo de sustancias, antecedentes obstéticos, etc.), pero en muerte fetal o muerte perinatal sí se observaron reducciones significativas. Estas reducciones fueron mayores en los territorios más golpeados por el conflicto, lo que sugirió una relación directa: a mayor caída en los eventos violentos, mayor fue el efecto protector sobre la salud materna y neonatal.
El diseño del estudio fue meticulosamente validado mediante múltiples pruebas de robustez. Se descartó la manipulación de los embarazos alrededor de la fecha del cese al fuego y se comprobó que las características de las mujeres antes y después del 20 de julio eran equivalentes, al menos en las variables observables. También se realizaron pruebas con distintos “anchos de banda” (rango de valores considerados en la medición) que siempre arrojaron resultados consistentes. Las pruebas de falsificación demostraron que no hubo efectos similares en municipios sin presencia de las FARC o con violencia de otros actores armados, reforzando la especificidad del hallazgo.
Este estudio, ya publicado en PLOS Medicine y galardonado por la Academia Nacional de Medicina en 2020, representa no solo un modelo de investigación, sino también una reflexión: ¿cuántos de esos niños podrían estar vivos? ¿Cuántas vidas más habría salvado un proceso de paz duradero?
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Intervención y ceremonia de ingreso del Dr. Buitrago en:
REDUCCIÓN DEL CONFLICTO ARMADO Y DESENLACES DEL EMBARAZO: UN DISEÑO DE REGRESIÓN DISCONTINUA
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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