Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Geopolítica interna y fiebre amarilla en Colombia.

Conferencia* del Dr. Hugo Sotomayor Tribín. Miembro de número de la Academia Nacional de Medicina y académico ejemplar. Fundador del Museo de la Lepra de Agua de Dios y exdirector del Museo de Historia de la Medicina.

La historia de la fiebre amarilla en Colombia, contada por el profesor Sotomayor, se convierte en una mirada desde la epidemiología crítica, esa corriente epidemiológica que analiza el proceso salud-enfermedad desde una perspectiva social. Este enfoque permite entender cómo las relaciones de poder y las desigualdades sociales han condicionado la salud pública. El Dr. Sotomayor divide su análisis en seis épocas: la precolombina, la invasión, la conquista, la época colonial, la independencia y la contemporánea, explicando cómo el avance de la fiebre amarilla ha estado íntimamente relacionado con factores como la importación de enfermedades infectocontagiosas provenientes del Viejo Mundo, la guerra, la servidumbre, la esclavitud, la colonización, la tala de bosques, los movimientos migratorios y la penetración del capitalismo extractivo a lo largo de la historia. 

Han existido cinco grandes periodos de fiebre amarilla en Colombia. El primero fue registrado en 1514, durante la construcción de Santa María la Antigua del Darién; el segundo con la aparición del brote en la Costa Caribe en 1651, hasta su ingreso al interior del país en 1830; el tercero iniciando el siglo XX cuando se describió la existencia de una fiebre amarilla selvática; el cuarto en 1937 cuando comenzó la vacunación contra la enfermedad; y el quinto las epidemias que se han presentado desde ese momento hasta hoy. 

La navegación fluvial, especialmente por el río Magdalena, y más tarde el uso de buques a vapor y locomotoras, favorecieron la expansión del vector Aedes aegypti. Las embarcaciones transportaban no solo mercancía, sino también mosquitos y sus larvas, contenidas en los depósitos de agua a bordo. La tala intensiva de bosques para alimentar a los buques y locomotoras a vapor alteró el ecosistema, aumentando el contacto entre humanos y los vectores selváticos de la enfermedad.

A pesar de esto, no en todas las regiones hubo brotes, lo que demuestra que no basta con la tala o la navegación a vapor para que aparezca la fiebre amarilla. En puertos y ciudades, la interacción entre vectores (Aedes aegypti), reservorios (primates no humanos, marsupiales y roedores) y humanos, sumado al contexto socioambiental, es determinante.  La vigilancia epidemiológica y la vacunación son, por tanto, fundamentales, especialmente en áreas rurales y selváticas donde la enfermedad aún persiste.

El Dr. Sotomayor propone una reflexión crítica sobre el enfoque con que se estudia la medicina en Colombia. Plantea la necesidad de decolonizar la forma en que se entienden y abordan las enfermedades en el trópico, superando la visión reduccionista de “enfermedades tropicales” que las reduce meramente a factores climáticos. En su lugar, propone hablar de “enfermedades en el trópico”, una noción que comprende la epidemiología y está alineada con el concepto de “Una salud”, que se basa en la idea de que la salud humana, animal y ambiental están interconectadas y que los problemas de salud deben abordarse de forma colaborativa entre diferentes disciplinas y sectores. 

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La conferencia fue presentada por el Académico Dr. Luis Carlos Villamil, doctor en medicina veterinaria y magíster en medicina preventiva de la Universidad Nacional de Colombia. PhD. en Filosofía de la Universidad de Reading, Inglaterra. Especialista en epidemiología y vigilancia en salud pública del Instituto Nacional de Salud. 

Contribución colombiana al descubrimiento de la fiebre amarilla selvática. 

Conferencia del Académico Dr. Luis María Murillo Sarmiento, especialista en ginecología y obstetricia. Miembro de número de la Academia Nacional de Medicina y actual coordinador de la Comisión de Historia y Humanidades de la Academia. 

De los primeros cuatro hallazgos mundiales sobre fiebre amarilla selvática, tres ocurrieron en Colombia, incluido el primero, gracias al trabajo pionero del Dr. Roberto Franco Franco, formado en la Universidad Nacional de Colombia, el Instituto Pasteur en Francia y la Escuela de Medicina Tropical en Londres. Fundó la primera cátedra de medicina tropical en el país y organizó el laboratorio de bacteriología en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. Fue presidente de la Academia Nacional de Medicina en 1922 y 1938. 

Su descubrimiento en 1907 en Muzo, Boyacá, donde se había presentado una epidemia, marcó un hito: identificó la fiebre amarilla selvática y, adicionalmente, formuló la existencia de un vector diferente al Aedes. La expedición de Franco a Muzo, junto a los doctores Gabriel Toro Villa y Jorge Martínez Santamaría, desafió las certezas científicas de la época. Aunque inicialmente se pensó que se trataba de paludismo, la ausencia de Plasmodium en los análisis y la falta de respuesta a la quinina los llevó a sospechar otra causa. Al observar los síntomas clínicos y el entorno selvático de los contagios, Franco concluyó que se trataba de fiebre amarilla transmitida por un mosquito aún desconocido en ese contexto. 

Su informe, considerado hoy revolucionario, no fue aceptado en ese momento por la comunidad internacional; expertos cubanos y estadounidenses se resistieron a admitir que la fiebre amarilla podría existir fuera de las ciudades sin la presencia del mosquito Aedes aegypti. Años después, en 1932, el trabajo de Franco fue confirmado por otros investigadores colombianos, Luis Patiño Camargo y John Austin Kerr, quienes también descubrieron brotes selváticos de fiebre amarilla en Santander y Muzo, pero sus hallazgos fueron eclipsados por Fred L. Soper, un científico estadounidense que publicó primero en revistas internacionales. Sin embargo, Soper reconocería públicamente en 1935 que Franco había descrito la fiebre amarilla selvática con claridad desde 1907. 

Posteriormente, entre octubre de 1934 y finales de 1936, un joven investigador de nombre Jorge Boschell Manrique lideró un estudio epidemiológico ejemplar que demostró la existencia del virus en zonas rurales del Meta, identificando al mosquito Haemagogus como vector principal. Un estudio que contó con la colaboración de los médicos Luis Patiño Camargo y el entomólogo Ernesto Osorno Mesa, entre otros entomólogos. Documentó 312 casos de fiebre amarilla y 63 defunciones en Restrepo, Villavicencio y Acacías.  Comprendió el estudio topográfico, climático, poblacional, de los cultivos, vegetación, fauna mamífera y entomológica, análisis de las autopsias, casos clínicos y el aislamiento del virus. Un estudio muy completo. La fiebre amarilla selvática, como se demostró, tenía un comportamiento completamente distinto al de su forma urbana. El mosquito Haemagogus habitaba las copas de los árboles en temporada seca y descendía cuando era perturbado por la tala del árbol, transmitiendo la enfermedad principalmente a hombres jóvenes que trabajaban en la selva. Este hallazgo explicó la persistencia del virus en la naturaleza a través del ciclo mamífero-vector-mamífero. 

Modorra pestilencial desde Santa María de la Antigua del Darién a Puerto Asís Putumayo. 500 años de historia. 

Conferencia del Dr. Cristian Vallejo Romo. Médico adscrito a la unidad de terapia intensiva del Centro Cardiovascular Colombiano y Hospital San Carlos de Bogotá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. 

El Dr. Vallejo exploró dos aspectos y momentos diferentes en la historia de la fiebre amarilla: la misteriosa epidemia de “modorra” que devastó Santa María la Antigua del Darién en 1514, y un exitoso manejo de un caso de fiebre amarilla en abril de 2024 en Puerto Asís, Putumayo. 

El Hospital de Santiago en Santa María la Antigua del Darién fue el primer hospital de tierra firme continental que se fundó en Colombia en 1514, dirigido por un grupo de médicos provenientes del Viejo Mundo y religiosos. Para los españoles, el término “modorra” estaba relacionado con un mal  que atacaba a las ovejas llamado “modorrilla”, una enfermedad parasitaria causada por larvas de tenia que migran al cerebro, causando inflamación y daños neurológicos. Los pacientes que llegaban al Hospital de Santiago eran atendidos por Diego Álvarez Chanca; considerado el primer médico de América, los trataba con caldo de pollo y huevos hervidos. 

Lo cierto es que no había remedio efectivo para curar la modorra. Gonzalo Fernández de Oviedo y Pascual de Andagoya relataban que cada día morían de 15 a 20 personas y que en poco más de un  mes habían muerto cerca de 700 hombres de hambre y modorra. Gaspar Torrella describió los síntomas como fiebre, alienación mental, perturbación de los sentidos internos, dolor de cabeza y sensación de pesadez antes de morir. Actualmente, dentro del perfil epidemiológico de Santa María la Antigua del Darién, podrían considerarse una variedad de patologías como la encefalitis viral letárgica, un tipo de influenza, fiebre amarilla de origen selvático, la rickettsiosis (tabardillo), rabia, hambre y desnutrición e incluso escorbuto. 

Pedrarias Dávila, conquistador español, refería en una carta que a finales de 1515, Santa María había superado la crisis y era una ciudad “más organizada”.  

Quinientos años después, aún se combate la fiebre amarilla y el Dr. Vallejo tuvo la oportunidad de participar en la atención a un paciente de 18 años, agricultor, que llegó procedente de la vereda El Empalme en Putumayo; con fiebre, malestar general, cefalea y dolor abdominal. Síntomas que requirieron ingreso a la unidad de cuidado crítico por riesgo de falla hepática. Gracias a la atención oportuna, el paciente sobrevivió. Señala el Dr. Vallejo que médicos, entomólogos, zootecnistas, epidemiólogos y, en general, el grupo que trabaja en la Unidad de Cuidado Crítico del hospital local de Puerto Asís, unieron fuerzas para demostrar que desde esta región selvática también se produce ciencia y que el trabajo conjunto puede cambiar la historia para dar una oportunidad a los enfermos de fiebre amarilla como no la tuvieron hace 500 años. 

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Intervenciones en: ASPECTOS HISTÓRICOS SOBRE LA FIEBRE AMARILLA

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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