Resolviendo mitos y leyendas a partir de la evidencia.
Conferencia del Dr. Jorge Mario Sánchez Caraballo, alergólogo e inmunólogo, especialista en alergología clínica. Profesor e investigador asociado de Alergología y Pediatría en la Universidad de Antioquia. Miembro de la Asociación Colombiana de Alergia, Asma e Inmunología.
En casi todas las familias hay alguien que ha sufrido de dermatitis atópica, una afección que actúa por ciclos, presentando brotes y períodos de remisión. En muchos casos puede ser limitante, transformando la vida cotidiana del paciente: dolor, incomodidad, pérdida del sueño y un sinfín de restricciones. Y como muchas enfermedades crónicas mal controladas desde la infancia, puede marcar el desarrollo emocional y social, dificultando incluso la empatía con el entorno.
En Latinoamérica, especialmente en Colombia, los estudios muestran que la dermatitis atópica es muy común, sobre todo en los niños: uno de cada cinco la padece. Aunque en la mayoría de los casos mejora con los años, cuando persiste en la adultez se convierte en una carga pesada. Afecta las relaciones sociales, el desarrollo psicomotriz, el rendimiento académico e incluso la salud mental. En Latinoamérica tiene una mayor prevalencia que en otras zonas del mundo y en Colombia es cuatro veces mayor que en países como Rusia, lo que plantea preguntas significativas sobre el ambiente, el diagnóstico y los factores genéticos o sociales que inciden en ello.
Para 2024, la prevalencia era del 7.2% en la edad adulta. No se presenta sola, suele venir acompañada de rinitis, asma u otras afecciones relacionadas con un mismo mecanismo de inflamación T2. Una respuesta inmune exagerada, a menudo desencadenada por alérgenos o irritantes, que causa inflamación persistente en diversas partes del cuerpo.
Lamentablemente, gran parte del tratamiento actual no logra el control esperado. Un 40% de los pacientes no logra mejoría significativa solo con tratamientos tópicos. Y es allí donde el médico de atención primaria tiene un rol crucial. Si se aplicara correctamente el tratamiento básico desde las primeras consultas, muchos casos no requerirían la intervención de especialistas.
Más allá de la piel, la dermatitis atópica impacta el bolsillo, la dieta, el sueño y las relaciones sociales. En Colombia, un paciente leve puede gastar hasta un tercio de un salario mínimo en su tratamiento. Además, el 60% hace restricciones en su alimentación que muchas veces no son necesarias, generando un impacto a nivel nutricional. La falta de sueño se convierte en rutina, generando agotamiento, mal humor y afectaciones emocionales. Hasta un 68% de los pacientes tienen problemas de salud mental. Sumado a esto, el uso frecuente de esteroides puede provocar efectos adversos severos, desde cataratas hasta diabetes, lo que obliga a ser muy cuidadosos con su prescripción.
La Sociedad Colombiana de Alergias, Asma e Inmunología – ACAAI y la Sociedad Colombiana de Dermatología decidieron unir fuerzas y construir un consenso básico para médicos de atención primaria. Este documento práctico busca resolver dudas y estandarizar el manejo desde el primer contacto médico. También con AsoColDerma y ACAAI se elaboró una guía de práctica clínica para especialistas, que, aunque más compleja, buscaba brindar alternativas de manejo especial a los especialistas para una mejor práctica.
El diagnóstico sigue siendo clínico. No existe una prueba única que lo confirme. El eccema y el prurito deben estar presentes, y otros factores como antecedentes familiares o distribución típica de lesiones, en zonas flexoras (pliegues de la piel) o extensoras en bebés menores de dos años, ayudan a confirmar la sospecha. Las pruebas de alergia, como las que miden la IgE específica (cantidad de anticuerpos IgE que el cuerpo produce en respuesta a alérgenos específicos) y los eosinófilos presentes en altas cantidades, suponen una inflamación T2 que sugiere la dermatitis. Los resultados deben interpretarse con cuidado, especialmente si implican restringir alimentos o separar a los pacientes de sus mascotas. La fuente del agravamiento debe ser bien analizada.
Una vez diagnosticado el caso, se evalúa la gravedad. Existen escalas clínicas y del paciente que muchas veces no coinciden. Lo que para el médico es leve, para el paciente puede ser insoportable si afecta zonas visibles o funcionales. Por ello se recomienda usar ambas perspectivas antes de definir el manejo. Las metas del tratamiento también deben acordarse con el paciente: al menos lograr un 75% de reducción de síntomas, siendo lo ideal acercarse al 90%.
El tratamiento de base incluye humectación constante y medicamentos tópicos inmunomoduladores. Estos controlan eficazmente la mayoría de los casos leves y moderados. Pero cuando la enfermedad no cede o se agrava, hay que escalar a terapias sistémicas. Las tradicionales, como la ciclosporina o el metotrexato, son efectivas, pero pueden tener muchos efectos secundarios. Las nuevas terapias, más seguras y efectivas, presentan un gran problema: el costo. Aunque las nuevas terapias ofrecen una tasa de control muy superior (hasta el 76% en moderados y 77% en graves), su uso está limitado por el presupuesto. Por tanto, se recomienda usarlas solo cuando las otras opciones han fallado. El impacto que tienen en la vida del paciente es profundo: mejora el rendimiento escolar, reduce el ausentismo, mejora la calidad del sueño y hasta la salud sexual, que en muchos adultos se ve afectada por la vergüenza, el dolor o la incomodidad causada por la enfermedad.
Para el Dr. Sánchez, manejar bien la dermatitis atópica no es solo mejorar una piel comprometida. Es intervenir en la calidad de vida de un niño, en la estabilidad emocional de una familia, en la productividad de un adulto, en el bienestar colectivo. Y si bien hay herramientas complejas, muchas veces lo esencial está en hacer bien lo básico. Diagnosticar bien, escuchar al paciente, usar el tratamiento adecuado y evitar restricciones innecesarias. Porque, como bien dijo el filósofo alemán Arthur Schopenhauer: la salud no lo es todo, pero sin ella, todo lo demás es nada.
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Intervención del Dr. Sánchez en: https://www.youtube.com/watch?v=HlK6P9dPRtI
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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