Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Vivir más de 100 años puede considerarse hoy exótico, una anomalía poco frecuente, pero… ¿ocurrirá lo mismo en el futuro?

El caso de Lucio Chiquito Caicedo, ingeniero colombiano que presentó su tesis doctoral a los 105 años ante una universidad del Reino Unido, ilustra de manera poderosa que el envejecimiento no implica necesariamente deterioro ni inactividad. Su respuesta sagaz “aprender después de muerto es muy difícil” a la pregunta de qué hacía a los 105 años estudiando todavía, resume una idea central: la capacidad de aprender y desarrollarse puede mantenerse a lo largo de toda la vida. Hoy tiene 109 años y está a pocas semanas de convertirse en un supercentenario colombiano. 

El Dr. Robinson Cuadros, presidente del Comité Latinoamericano y del Caribe (COMLAT) de la Asociación Internacional de Gerontología y Geriatría, recuerda que los estereotipos negativos suelen retratar a los adultos mayores como personas encorvadas, sin memoria y con una salud física y mental mermada; sin embargo, se debe entender el contexto de vida para analizar el envejecimiento de cada individuo. Entonces, los estereotipos son tanto infundados como autopercibidos. 

Este fenómeno, que minimiza las necesidades de las personas mayores o asume que ciertos deterioros son “normales” por la edad, es conocido como edadismo, y no solo opera a nivel social, sino también biológico: las personas mayores pueden interiorizar estas creencias, afectando su autoestima, su salud mental y su desempeño cognoscitivo. Así, se configura una especie de “autoprofecía” que refuerza el deterioro.

El uso del lenguaje también influye en esta problemática. Términos como “demencia” generan miedo y rechazo, lo que retrasa la consulta médica y favorece el subdiagnóstico. Adoptar conceptos más amplios como “trastornos neurocognitivos” permite abordar estas condiciones desde una perspectiva menos estigmatizante. 

En este sentido, la evaluación de las personas mayores debe superar los modelos rígidos y estandarizados. Más que centrarse exclusivamente en pruebas test tradicionales, es necesario considerar la funcionalidad, la historia de vida y el entorno del individuo. Herramientas como pruebas breves o adaptadas pueden ser útiles, aunque siempre deben interpretarse en contexto. Un aspecto clave es la “reserva cognitiva”, que depende en gran medida del nivel educativo y las experiencias de vida, y que puede enmascarar la aparición de síntomas iniciales de deterioro, por lo que se recomienda la evaluación de funciones ejecutivas complejas y cambios en la conducta más allá de la memoria simple.

A esto se suma la alta prevalencia de síntomas depresivos en adultos mayores, no necesariamente depresión, y una persona deprimida tiene un menor rendimiento en un test cognitivo porque no tiene motivación o su atención está puesta en otro lugar; aun así, eso no significa daño cerebral (pseudodemencia depresiva). Y si tenemos en cuenta que en el sistema de salud público colombiano las consultas no sobrepasan los 20 minutos, el tiempo es muy limitado para evaluar adecuadamente. 

Esto evidencia la necesidad de crear equipos interdisciplinarios con enfoque geriátrico, que trabajen desde una perspectiva integral, humanizada y centrada en la persona.

Desde el punto de vista biológico, el envejecimiento implica cambios complejos, pero no necesariamente negativos. El cerebro puede desarrollar mecanismos de compensación y resiliencia, como la neuroplasticidad, que permite adaptarse y seguir funcionando a pesar de los cambios estructurales. Incluso se han identificado factores protectores, ciertos perfiles genéticos con resistencia a la atrofia cortical (los centenarios lúcidos mantienen un grosor inusual en la corteza cingulada anterior) o perfiles con niveles muy bajos de marcadores inflamatorios que mantienen a las neuronas “limpias” por más tiempo, la actividad física y la interacción social, que contribuyen a un envejecimiento saludable. Sin embargo, factores como la soledad (considerada una “pandemia silenciosa”) pueden aumentar el riesgo de deterioro cognitivo. 

En el ámbito de la evaluación neuropsicológica, la Dra. Constanza Beltrán Rojas, PhD., psicóloga y fonoaudióloga, menciona una preocupación central: la falta de instrumentos adecuados para personas mayores de 90 años. En Colombia, las pruebas disponibles están estandarizadas, en su mayoría, hasta los 79 u 89 años, lo que deja un vacío importante para la población más longeva. A pesar de ello, en la práctica clínica se siguen utilizando estos mismos instrumentos, lo que puede llevar a sobrediagnósticos o subdiagnósticos.

Diversos factores deben considerarse al evaluar a esta población. Entre ellos, las limitaciones sensoriales (visión y audición), la fatiga, el tiempo de aplicación de las pruebas y la velocidad de procesamiento. Es importante reconocer que la lentitud en las respuestas no necesariamente indica deterioro, sino que puede ser parte del envejecimiento normal. Asimismo, los factores culturales y educativos juegan un papel crucial, ya que muchas pruebas incluyen contenidos ajenos a la experiencia de vida de las personas evaluadas, por ejemplo, el manejo de herramientas tecnológicas o incluso tareas  que requieren un grado de escolaridad mínimo; no obstante, muchos de los centenarios nunca tuvieron acceso a educación formal. 

En cuanto a los dominios cognitivos específicos, se recomienda adaptar las evaluaciones. Por ejemplo, en memoria, utilizar listas de palabras más cortas; en lenguaje, eliminar límites estrictos de tiempo; y en funciones ejecutivas, priorizar la observación de habilidades prácticas como la resolución de problemas. Además, se debe dar mayor peso a la evaluación funcional, es decir, a la capacidad de la persona para desenvolverse en su vida diaria, considerando también su nivel previo de independencia.

En Colombia, existe una necesidad urgente de desarrollar instrumentos específicos para la población mayor de 90 años, así como de fortalecer la formación interdisciplinaria. Solo así será posible garantizar evaluaciones precisas y culturalmente pertinentes.

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Artículo de Victoria Rodríguez G., basado en las conferencias FORO: LONGEVIDAD Y CENTENARIOS: LA OPORTUNIDAD DEL SIGLO XXI de los doctores Robinson Cuadros y Constanza Beltrán, organizado por la Academia Nacional de Medicina, la Universidad de la Costa y la Alianza Centenarios. 

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