En su columna habitual para el diario El Tiempo, el Académico Dr. Fernando Sánchez Torres da su punto de vista acerca del reciente fallo de la Corte Constitucional sobre la denominación para quienes son hermanos solo por línea materna.

 

Por: Fernando Sánchez Torres.

En reciente fallo, la Corte Constitucional declaró inexequible –es decir, que no se puede tener en cuenta– un apartado del artículo 54 del Código Civil donde se establecía que los sujetos que son hermanos solo por línea materna deben llamarse “hermanos maternos”, o “hermanos uterinos”. En su sabiduría, la honorable Corte encontró improcedente el término “uterino”, pues, según ella, esa expresión “perpetúa un estereotipo histórico de género, en el que se asocia y cosifica a la mujer con una característica sexual, como atributo único y necesario para asumir la calidad de madre y para definir su papel dentro de la sociedad”. Se conserva en dicho artículo la denominación “hermanos maternos”.

Desprevenidamente pareciera que esa determinación de la Corte fuera acertada, teniendo en cuenta lo que ocurre hoy como consecuencia del cambio de costumbres, cuando el concepto tradicional de familia ha perdido su principal característica. En la actualidad no siempre las cabezas de hogar son “papá” y “mamá”, sino que pueden ser “papá” y “papá”, o “mamá” y “mamá”, asumiendo el papel de madre uno de los dos. La mamá de antaño se caracterizaba por tener útero, de seguro, fértil. Eso es a lo que la Corte llama “estereotipo histórico de género”, que suscita discriminación directa contra las “mamás” que no tienen útero, o lo tienen fuera de servicio, e “indirecta entre hermanos al excluir la pluralidad y diversidad de familias que pueden existir”. Hoy hay hermanos que gozan de igual protección constitucional sin haber sido concebidos por la misma madre, ni por el mismo padre, ni por ninguno de los dos. Cuando hay dos o más hermanos nacidos de la misma madre se los debe llamar simplemente “hermanos maternos”, no obstante ser a todas luces hermanos de útero. Al desconocer esta evidencia biológica, la Corte se puso el velo de la ignorancia frente a una verdad verdadera. Creo que llamarlos así no es una ofensa, ni en nada demerita a la mujer, ni devalúa su calidad de madre ni hace confuso su papel dentro de la sociedad. Esta nueva salida de la Corte confirma algo que ha venido sucediendo: el purismo jurídico, aupado por las costumbres, se lleva por delante conceptos de suyo lógicos, evidentes. El prurito de legislar o de cambiar las normas conduce a echar por la borda algunas que tienen razón de ser, pero que la caprichosa hermenéutica encuentra inconvenientes.

Viéndolo bien, este nuevo aporte de la Corte Constitucional al ordenamiento jurídico no irá a cambiar mucho las cosas. Aun cuando ocasionalmente se escuchó hablar del “hijo de útero” o del “hermano de útero”, haber dejado vigente esa expresión hubiera permitido disponer de las palabras precisas cuando quisiera mencionarse a los sujetos hijos verdaderos de una madre verdadera. Sin embargo, me asiste la preocupación sobre sus alcances jurídicos: ¿será que de ahora en adelante hay que cuidarse de utilizar ese inofensivo término ginecológico?

Influenciado por el léxico de mi especialidad –la ginecobstetricia–, suelo utilizar el término “hijo de útero”. Lo uso además para expresar que un sujeto que ha sido formado y graduado en una universidad dada es hijo de la entraña de ella. En una conversación informal que tuve con el profesor José Félix Patiño eché mano del término. Como se sabe, él estudió los primeros años de medicina en la Universidad Nacional de Colombia (la Nacho), pero los terminó y se graduó en la Universidad de Yale. Era tanta la admiración que le profesaba a la Nacho que se consideraba orgullosamente hijo de la entraña de ella. Yo le decía que era “hijo adoptivo”, o putativo, para orgullo de la Nacho. En cambio, yo sí era “hijo de útero” de esta, de mi verdadera alma mater, a mucho orgullo. Él sonreía y aceptaba mi planteamiento, sin sentirse ofendido ni criticarme por estar humanizando a una institución, adjudicándole un atributo sexual femenino. De seguro, un acucioso experto en hermenéutica jurídica lo hubiera desaprobado.

Artículo publicado originalmente en el periódico El Tiempo


Dr. Fernando Sánchez Torres

 

El Dr. Fernando Sánchez Torres es doctor en medicina y cirugía, con especialización en ginecobstetricia.

Ha sido rector de la Universidad Nacional de Colombia, Presidente de la Academia Nacional de Medicina y presidente del Tribunal Nacional de Ética Médica.

Vistas Totales 871 

+ posts

Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de educación médica y salud del pueblo colombiano.

Pin It on Pinterest