Visitas: 19
Ingreso como Miembro Correspondiente del Dr. Rodrigo Muñoz Tamayo, médico cirujano de la Universidad del Rosario, especialista en psiquiatría de la Universidad del Bosque, especialista en psiquiatría de niños y adolescentes de la Universidad de Londres. Pertenece a la Asociación Colombiana de Psiquiatría y a la Asociación Americana de Psiquiatría.
La primera vez que el Dr. Muñoz Tamayo pisó la Academia Nacional de Medicina fue en los años ochenta, motivado por una conferencia del doctor José Francisco Socarrás, una figura fundamental de la psiquiatría y el psicoanálisis en Colombia. Aunque muchos lo recuerdan por su trabajo clínico, fue el autor intelectual del sistema de escuelas normales del país y, en sus últimos años, un apasionado promotor de la quinua y sus propiedades nutricionales, cuando aún era un alimento desconocido para la mayoría. Aquella visita lo marcó profundamente, pues además, allí conoció a dos personas que serían claves en su vida: el doctor César Augusto Pantoja y el ginecólogo Alberto Escallón, quien lo había traído al mundo. Desde ese momento, su vínculo con la academia ha sido cercano, incluso por razones familiares, pues su padre, el Dr. Juan Jacobo Muñoz, fue presidente de la Academia Nacional de Medicina entre 1992 y 1994.
Inspirado por la idea de la integralidad en medicina, empezó a interesarse desde muy joven por el componente emocional de los pacientes. Para él, la salud mental es lo que diferencia a la medicina humana de la veterinaria. Su trabajo de ingreso a la Academia se basa en la experiencia de más de treinta años desarrollando y sosteniendo un servicio de psiquiatría de enlace o interconsultas. Un modelo que, en sus inicios, parecía una excentricidad, pero que hoy en día es reconocido como una necesidad en los hospitales generales.
La psiquiatría de enlace surgió en la segunda mitad del siglo XX como un intento por integrar a los psiquiatras a los hospitales generales, donde tradicionalmente no tenían cabida. Fueron pioneros como George Engel con su modelo biopsicosocial y el doctor Michael Balint, con sus intervenciones psicoterapéuticas de siete minutos, quienes demostraron que la salud mental debía formar parte integral del cuidado hospitalario. En Colombia, esta corriente comenzó a consolidarse en los años 70 y 80, aunque con dificultades, inicialmente en hospitales como La Hortúa.
En 1991, el Dr. Muñoz fue convocado para proponer un modelo para la naciente Clínica Reina Sofía. A siete cuadras de la reconocida Clínica Monserrat, no tenía sentido replicar un hospital psiquiátrico. Entonces, con visión estratégica, idearon una clínica psiquiátrica, pero con otros servicios médicos, sin anunciarlo abiertamente. Allí nació el primer programa de psiquiatría de enlace, con un equipo inicial conformado por psiquiatras y enfermeras entrenadas en salud mental, quienes preguntaban por el estado emocional del paciente y su familia, haciendo una primera aproximación sutil y eficaz. Posteriormente se vincularon psicólogos y otros profesionales que constituyeron un equipo interdisciplinario.
El proyecto fue inspirado por personas visionarias como Roberto Cocheteux, quien creía en instituciones con vocación de servicio, centradas en las necesidades del usuario, y Mario González Velázquez, creador del programa de especialización en psiquiatría de la Clínica Montserrat que acogía los conceptos de comunidad terapéutica de Maxwell Jones, psiquiatra británico que proponía un diálogo directo con los pacientes. Gracias a ellos se instauraron prácticas que hoy parecen obvias, como permitir visitas amplias o incluir a todos los actores de una institución como agentes terapéuticos.
¿Pero qué es aquello que se enlaza? Principalmente la psiquiatría con otras especialidades. La psiquiatría trabajando conjuntamente con todo un equipo terapéutico para crear un verdadero ambiente terapéutico, también con el equipo administrativo para abogar por el cuidado psicosocial y la humanización de la atención, generando un vínculo sano entre pacientes e institución, integrando la mente con el cuerpo.
El enlace busca promover y mejorar la salud mental de la comunidad hospitalaria (pacientes, familias, equipos terapéuticos y funcionarios) y crear conciencia sobre situaciones cotidianas que se viven al interior de los hospitales y que involucran el padecimiento del paciente y la respuesta del personal médico. Este enfoque implica educar al personal médico y administrativo para que entiendan el valor de la salud emocional, participar en todos los comités institucionales posibles e identificar a tiempo los riesgos psicosociales, no solo de pacientes, sino también de empleados y familias. La confidencialidad es también una norma sagrada para ganar la confianza de todos.
A medida que el modelo maduraba, se consolidaron herramientas docentes y se inició en 1999 el primer programa de formación en psiquiatría de enlace en conjunto con la Universidad de El Bosque. Para justificar su existencia, debieron crear indicadores rigurosos que demostraran el impacto positivo en la atención, la satisfacción del paciente e informes documentados de los programas implementados y las acciones ejecutadas.
El Dr. Muñoz resalta que un psiquiatra de enlace debe tener un liderazgo discreto, comprender los entresijos de las organizaciones, ser buen psicoterapeuta, buen farmacólogo, saber comunicarse en lenguaje clínico, pero también familiar. La psiquiatría de enlace no solo es viable desde lo clínico y humano, sino también desde lo económico: reduce la estancia hospitalaria y la demanda innecesaria de servicios médicos.
:::::::::::::::::::::::::::::
Presentación y ceremonia de ingreso en:
RECOMENDACIONES PARA LA SOSTENIBILIDAD DE UN SERVICIO DE PSIQUIATRÍA DE ENLACE E INTERCONSULTAS
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
![]()





