Órgano consultor del Gobierno Nacional en temas de  Salud y  Educación Médica. Creada por Ley 71/1890, ratificada por Ley 86/1928, Ley 02/1979, Ley 100/1993.

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Artículo sobre la conferencia del Académico Dr. Franklin Escobar Córdoba. Psiquiatra de la Universidad Nacional de Colombia, magíster en psiquiatría forense de la Universidad Nacional de La Plata, PhD en medicina de la Universidad Nacional de La Plata, experto en medicina del sueño del Comité Colombiano de Acreditación en Medicina del Sueño. 

La ansiedad es una experiencia humana muy común. Sin embargo, cuando se vuelve intensa, persistente o aparece sin una causa clara, puede convertirse en un trastorno. Puede definirse como una sensación desagradable que combina síntomas emocionales y físicos. Aparece cuando una persona percibe una posible amenaza para su bienestar físico o psicológico. 

Es importante diferenciar la ansiedad del miedo. El miedo es una respuesta emocional ante una amenaza inminente, real o imaginaria, y se acompaña de una activación para defenderse o huir. La ansiedad, en cambio, tiene un carácter anticipatorio. No se trata de un peligro inmediato, sino de la preocupación por algo que podría suceder. Por ejemplo, una persona puede sentirse ansiosa pensando que algo malo podría ocurrirle a un familiar que aún no ha regresado a casa.

Entre los síntomas más frecuentes de la ansiedad se encuentran: dolor de cabeza, sudoración, palpitaciones, sensación de opresión en el pecho, molestias gastrointestinales, dificultad para respirar, hormigueo en el cuerpo o las manos y dificultad para permanecer quieto. Además de estos síntomas físicos, también aparecen pensamientos de preocupación excesiva, sensación de peligro o dificultad para relajarse.

Otro concepto relacionado es el estrés, una reacción del organismo ante una situación que se interpreta como amenazadora y que provoca reacciones fisiológicas, psicológicas y de conducta. Activa el sistema nervioso central y puede estar asociado a presiones laborales, problemas familiares, conflictos de pareja o exigencias académicas.

En muchos casos, el estrés puede ser adaptativo ante una amenaza; sin embargo, cuando se vuelve constante o demasiado intenso, puede generar sufrimiento y contribuir al desarrollo de ansiedad. En su forma más intensa, la ansiedad puede manifestarse como un ataque de pánico. Durante un ataque de pánico, la persona experimenta una sensación abrumadora de miedo acompañada de síntomas físicos intensos, como palpitaciones, dificultad para respirar o sensación de perder el control. Algunas personas incluso creen que están sufriendo un ataque cardíaco o que están perdiendo la cordura. La ansiedad interfiere con la vida cotidiana, afecta las relaciones, el trabajo o el bienestar general.

Los trastornos de ansiedad constituyen una de las patologías más frecuentes dentro de la psiquiatría. Se estima que alrededor del 3.6% de la población mundial los padece en un momento determinado y que entre el 20% y el 30% de las personas pueden experimentarlos a lo largo de su vida.

Estos trastornos pueden aparecer desde la infancia o la adolescencia y con frecuencia se asocian a otros problemas de salud mental, como la depresión y otros trastornos del estado de ánimo. 

Varias estructuras cerebrales participan en la regulación de las emociones y en la detección del peligro. Una de las más importantes es la amígdala cerebral. Este pequeño núcleo tiene un papel fundamental en el procesamiento del miedo. Su función principal es detectar amenazas y activar rápidamente las respuestas de alerta del organismo. Cuando la amígdala detecta una posible amenaza, envía señales que activan el sistema nervioso autónomo, preparando al cuerpo para reaccionar. En personas con ansiedad, esta estructura suele estar hiperactiva, lo que provoca un estado constante de alerta o hipervigilancia.

Otra estructura clave es la corteza prefrontal. Esta región del cerebro está involucrada en la regulación cognitiva y emocional. En cierto modo, actúa como un “freno” para la amígdala, ayudando a evaluar si una amenaza es real o exagerada. En situaciones de estrés crónico o trastornos de ansiedad, esta capacidad reguladora puede verse debilitada, lo que permite que las respuestas emocionales se vuelvan más intensas.

El hipocampo también desempeña un papel importante. Esta región está relacionada con la memoria y ayuda a contextualizar las experiencias. Gracias al hipocampo podemos diferenciar entre situaciones realmente peligrosas y situaciones seguras. Por ejemplo, en el trastorno por estrés postraumático, los recuerdos traumáticos almacenados en el hipocampo pueden activar repetidamente la amígdala, generando una sensación persistente de amenaza. Es muy sensible al estrés, pues allí guarda toda la memoria emocional. 

El hipotálamo participa en la regulación hormonal del estrés, activando el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal que regula la respuesta hormonal al estrés. Cuando una persona percibe una amenaza, este sistema libera cortisol, una hormona que ayuda al organismo a responder a situaciones exigentes. Cuando el estrés se vuelve crónico y el cortisol permanece elevado durante mucho tiempo, puede afectar el funcionamiento cerebral. Niveles altos de cortisol pueden afectar la neuroplasticidad del cerebro, es decir, su capacidad de adaptarse y reorganizar sus conexiones. Esto puede contribuir a síntomas como fatiga, dificultades de concentración, tristeza o depresión.

Las neuronas del cerebro se comunican entre sí mediante sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Varios de estos sistemas están implicados en la ansiedad. Uno de los más importantes es el sistema GABA, el principal sistema inhibitorio del cerebro. Su función es disminuir la actividad neuronal excesiva, ayudando a mantener el equilibrio en el sistema nervioso. Muchos medicamentos ansiolíticos actúan sobre los receptores de GABA para producir un efecto calmante.

Otro sistema clave es el serotoninérgico, relacionado con la regulación del estado de ánimo, el sueño y el apetito. La serotonina se produce en núcleos del tronco cerebral llamados núcleos del rafe y se distribuye ampliamente por el cerebro. Cuando una neurona libera serotonina para enviar un mensaje a otra neurona, parte de esa serotonina vuelve a ser absorbida (recaptación). Los medicamentos del tipo Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS) actúan bloqueando ese proceso, evitando una rápida recaptación, quedando más serotonina disponible para estimular mejor a la neurona receptora. Una mejor comunicación entre las neuronas que utilizan serotonina ayuda a regular el estado de ánimo y disminuir los síntomas de ansiedad.

El sistema noradrenérgico también juega un papel importante. Este sistema, cuyo núcleo principal es el locus cerúleo, está relacionado con la alerta, la atención y la respuesta al estrés. Cuando se activa cada 90-120 minutos, aumenta la liberación de norepinefrina y adrenalina, lo que genera una mayor activación del organismo.

El tratamiento de los trastornos de ansiedad suele combinar diferentes estrategias. Los medicamentos pueden ser útiles para regular los sistemas neuroquímicos alterados, pero el tratamiento no debe limitarse a los fármacos. La psicoterapia también juega un papel fundamental. Existen estrategias que pueden ayudar a reducir la ansiedad: mantener rutinas de sueño adecuadas, realizar actividad física regularmente, practicar técnicas de relajación o respiración, alimentarse bien, enfocar las prioridades y mantener un pensamiento positivo. 

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Intervención del Dr. Escobar en Ansiedad: de la neurología a la gestión emocional 

Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina

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