Artículo basado en las conferencias de Rodrigo Martínez Sarmiento, Director de Investigaciones de AGROSAVIA y Byron Hernández. Investigador del Grupo Innovación en Salud de AGROSAVIA.
La ciencia agropecuaria avanza a pasos firmes. Uno de los ejemplos más interesantes es el trabajo que desarrolla AGROSAVIA, la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, entidad adscrita al Ministerio de Agricultura que lidera procesos de innovación que no solo impactan la productividad ganadera, sino también la salud pública.
De acuerdo con Rodrigo Martínez, su director de investigaciones, uno de esos desarrollos es la selección genética de bovinos capaces de producir leche A2A2 (antidiabetogénica), conocida también como leche con beta-caseína A2, asociada con mejor digestibilidad y potenciales beneficios para ciertos consumidores. La leche, en general, está compuesta principalmente por grasa, proteína y sólidos totales. Estos tres componentes determinan la calidad comercial y nutricional del producto.
La beta-caseína es una de las principales proteínas de la leche. Está codificada por un gen bovino que presenta diferentes variantes. Entre ellas, dos son especialmente importantes: A1 y A2. La diferencia entre ambas radica en un pequeño cambio en la secuencia genética. Ese pequeño cambio tiene un gran impacto. Cuando la leche contiene la variante A1 y es digerida, puede liberar un péptido llamado beta-casomorfina-7 (BCM-7), al que algunos estudios asocian con procesos inflamatorios intestinales y posibles efectos metabólicos e inmunológicos asociados a la diabetes. Aunque la evidencia científica continúa en evaluación, la industria ha identificado que muchos consumidores reportan mejor tolerancia digestiva cuando consumen leche A2A2.
La leche A2A2 proviene de vacas que son homocigotas A2A2, es decir, que poseen dos copias del alelo A2 para la beta-caseína. Por ello, la selección genética es clave para garantizar un producto completamente A2.
Durante décadas, los ganaderos seleccionaron animales basándose en características visibles: producción de leche, peso, fertilidad o rendimiento industrial. Sin embargo, no podían conocer las variantes genéticas específicas detrás de esos rasgos. Con la llegada de la genómica, el panorama cambió radicalmente, pues permite analizar no solo el fenotipo (lo que se puede ver), sino también el genotipo (la información genética).
En USA y Europa ya existen millones de animales genotipados. Desde 2009, AGROSAVIA inició procesos de genotipado a gran escala en Colombia. Actualmente, se analizan miles de animales con plataformas que evalúan miles de variantes genéticas (SNPs) por individuo. Esto permite aplicar una selección genómica, es decir, elegir, por ejemplo, ganado reproductor con base en su información genética, antes incluso de que tengan descendencia.
Colombia conserva un patrimonio genético valioso: razas bovinas criollas, descendientes de animales traídos hace más de 500 años. Razas que han demostrado gran adaptación a condiciones tropicales, resistencia a enfermedades y eficiencia productiva en ambientes difíciles. Además, algunas razas cebú -originarias de la India y tradicionalmente usadas para trabajo o carne- presentan alta frecuencia natural del genotipo A2A2. Mediante selección dirigida, es posible segmentar mejor a estas poblaciones lecheras.
AGROSAVIA presta servicios de genotipado a asociaciones ganaderas mediante la recepción de muestras de sangre que son analizadas en laboratorio. La información se compara con bases de datos que incluyen miles de registros genealógicos y productivos que permiten hacer un diagnóstico genético (pureza, diferencia con otras razas), pero también sanitario (enfermedades) sobre un solo animal. Hoy, las evaluaciones genómicas pueden alcanzar hasta 99% de confiabilidad en predicción genética, gracias al volumen de datos disponibles.
Pero el trabajo genómico de AGROSAVIA no se limita a la leche A2A2. También producen miles de embriones bovinos al año mediante fertilización in vitro que permite seleccionar genéticamente las mejores vacas. Actualmente, también trabajan en análisis de expresión genómica en células humanas en colaboración con universidades para efectuar análisis de genomas completos o secuenciaciones para analizar bacterias que puedan ser resistentes a antibióticos.
Por su parte, Byron Hernández, investigador y líder del Grupo de Investigación de Salud y Bienestar Animal de AGROSAVIA se refirió a la alimentación responsable. ¿Cómo se produce, cómo se distribuye y a quién llega lo que ponemos en la mesa? Todo parte de dos pilares ineludibles: la salud del agua y la salud del suelo. Sin suelos vivos y sin agua de calidad no existe agricultura sostenible, no hay ganadería eficiente y, en consecuencia, no hay seguridad alimentaria posible.
El suelo es un sistema vivo, biodiverso, lleno de microorganismos que permiten el ciclo de nutrientes y sostienen la productividad. El uso inadecuado del recurso hídrico no solo afecta los cultivos y el ganado, sino también la salud de las personas. Si el suelo y el agua fallan, todo el sistema productivo se debilita. Una visión moderna de la alimentación responsable integra al menos cuatro dimensiones fundamentales:
- Nutrición y salud pública. Implica garantizar alimentos suficientes, accesibles y de calidad para toda la población, tanto en grandes ciudades como en territorios apartados donde el acceso es limitado.
- Inocuidad y confianza. Incluye trazabilidad, control de riesgos sanitarios y manejo adecuado del suelo y del agua para evitar la transmisión de enfermedades a través de los alimentos.
- Sostenibilidad ambiental. Se relaciona con el uso responsable del suelo, el agua, la biodiversidad y el clima. Hoy enfrentamos el desafío de producir más alimentos sin ampliar la frontera agrícola ni destruir ecosistemas estratégicos.
- Bienestar animal y ética productiva. Evitar el sufrimiento evitable, garantizar condiciones de confort y manejo adecuado no es solo una cuestión ética: también mejora la productividad y la calidad del producto final.
Estas cuatro dimensiones convergen en un enfoque integral conocido como Una Sola Salud (One Health): la salud ambiental, la salud animal y la salud humana están profundamente conectadas. Si una falla, el sistema entero pierde sostenibilidad y legitimidad.
En Colombia, uno de los mayores desafíos es el conflicto en el uso del suelo. Existen zonas que, por su vocación natural, deberían destinarse a conservación o a ciertos tipos específicos de producción, pero históricamente han sido utilizadas de manera inadecuada. Ecosistemas frágiles en los Llanos Orientales, el piedemonte amazónico y las cordilleras se han convertido en regiones ganaderas.
Cuando se tala un bosque para establecer praderas sin un manejo adecuado, el suelo pierde rápidamente su cobertura natural. La sobreutilización del suelo genera compactación, pérdida de cobertura vegetal, erosión, inundaciones más frecuentes, deslizamientos y pérdida de biodiversidad. Las recientes inundaciones en la región Caribe nos recuerdan que muchos de estos problemas no son solo climáticos. La ampliación de zonas de pasturas, la ganadería extensiva mal manejada, los cultivos ilícitos y la infraestructura no planificada han generado una fuerte presión sobre los ecosistemas.
Más del 50% de las praderas del país presentan algún grado de degradación, ocasionando baja disponibilidad y calidad del follaje, menor producción por hectárea a mayores costos, mayor vulnerabilidad al cambio climático, animales desnutridos con mayor riesgo sanitario y alimentos de menor calidad para el consumidor. La solución ha sido incorporar agroquímicos para hacer el pasto “más resistente” o usar máquinas para descompactar el terreno sin atacar el problema real, la degradación del suelo.
Frente a este panorama, la transición hacia otros modelos no es opcional: es urgente. Desde su labor científica y tecnológica, AGROSAVIA ha venido desarrollando alternativas que buscan conciliar producción y conservación. Destacan los sistemas silvopastoriles en el trópico alto colombiano, que integran árboles y arbustos con pasturas y animales en el mismo terreno. Combinan el pastoreo tradicional con la conservación ambiental, mejorando la nutrición animal, la fertilidad del suelo y el bienestar de los animales.
Estos sistemas recuperan la estructura y biología del suelo, reduciendo la compactación y mejorando la infiltración del agua. Aumentan la biodiversidad funcional, pues generan sombra y confort térmico para los animales, incrementando así la productividad. En sistemas lecheros de trópico alto, por ejemplo, se ha observado un aumento en la producción promedio por vaca al integrar arreglos silvopastoriles, además de mejoras en la calidad en la composición de la leche. Al mismo tiempo, se reduce el impacto de heladas y variabilidad climática.
El sector ganadero ha sido acusado de ser uno de los mayores contaminadores, principalmente por sus altas emisiones de gases de efecto invernadero, pero la implementación de sistemas silvopastoriles ha logrado mayor captura de carbono, creando una buena ventana de oportunidad para dar la vuelta al sistema de producción con sostenibilidad ambiental. Garantizar la viabilidad y sostenibilidad de la investigación y la vinculación tecnológica es una decisión política y social del país. No es un lujo: es una condición necesaria para asegurar la soberanía alimentaria, que es un asunto de todos.
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Foro Ética, costumbres y bases científicas para una buena alimentación y la seguridad alimentaria. Sesión conjunta Instituto de Estudios Bioéticos-ICEB y Academia Nacional de Medicina.
Intervención completa en:
ÉTICA, COSTUMBRES BASES CIENTÍFICAS PARA UNA BUENA ALIMENTACIÓN Y LA SEGURIDAD ALIMENTARIA
Nota. Victoria Rodríguez G. Comunicaciones Academia Nacional de Medicina
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